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El próximo cambio del Ejército libio

Las fuerzas de Gadafi podrán girar de golpe. Si el ejército no se divide, no habráguerra civil

Día 28/04/2011

No es imposible que el ejército libio, sin dividirse, pase pronto al campo anti-Gadafi. Sin tribus étnicas, pero sí políticas, España hace 75 años, Rusia hace 93 o Estados Unidos hace 150, fijaron una norma: cuando un ejército se mantiene unido, no hay guerra civil. En la contienda de 1861, la intervención exterior apenas influyó en Estados Unidos. En los primeros años de la Unión Soviética, el ejército rojo y el ejército blanco dejaron ver una presencia internacional mayor, pero no decisiva. En la sublevación de una parte del ejército español, la influencia germano-italiana de un lado y soviética de otro fueron determinantes.

A medida que nos acercamos al final del siglo XX, cincuenta años después de la Segunda Guerra mundial, vemos como todo, absolutamente todo, se internacionaliza. Bosnia-Herzegovina, torturada desde 1991 a 1995, pactó la paz en 23 días y 23 noches. Estados Unidos reunió a Tudjman, Izetbegovic y Milosevic en la aislada base de Dayton, Ohio (leer relato de Kati Marton, 19 y 20 abril, IHTribune, cuyo marido, Richard Holbrooke, muerto hace cuatro meses, dirigió la negociación en 1995). Medio siglo antes, los europeos eran testigos del caso español, que atrajo la atención del mundo: tras el alzamiento de julio de 1936, la división de un ejército entre leales a la legalidad republicana y sublevados contra ella, provocó una guerra larga, con menor número de muertos en el llamado campo del honor que en las retaguardias, tal fue su crueldad. Tanto el general Franco como el socialista Indalecio Prieto entendieron, aquel mismo mes de julio, que no sería una sublevación sino una guerra.

Impresiona ver a los sublevados de Misrata frente a carros acorazados: coches particulares con ametralladoras mal montadas en las traseras de los pick-up. El ejército libio hubiera hecho desaparecer la resistencia en unos días si la intervención de la OTAN, en marzo, no hubiera abierto fuego desde aviones y buques. Queremos decir: ante el futuro a corto y medio plazo, ¿dónde se coloca cada ejército? Se ha visto en Túnez y en Egipto: no en apoyo del statu quo sino a favor de la nueva corriente.

Los aliados del Golfo, Arabia Saudí, Qatar, Kuwait, Omán, Emiratos, buscan un refugio a Gadafi y a sus hijos: operación hecha bajo la presión de los UAV americanos. Los aviones sin piloto, enviados por el secretario de Defensa, Robert Gates, ponen en peligro la vida de los Gadafi. La familia debe decidir deprisa. John McCain, anterior candidato republicano a la presidencia, ha prestado un nuevo servicio a la OTAN al presentarse en Bengasi y pedir que se refuerce la participación americana en Libia.

Ali Abdulá Saleh, presidente de Yemen, tira la toalla y pide inmunidad. La calle ruge con razón. Entre Gadafi, el torpe y cruel rey de Bahréin, el dictador sirio y el de Yemen, hay un punto en común: los cuatro mandan disparar contra sus ciudadanos. Gadafi está arrinconado en Libia: la resolución del Consejo de Seguridad pide su procesamiento ante el Tribunal Penal de La Haya. En sus memorias de guerra, Winston Churchill describe las cloacas en que se resolvieron algunos pactos que, en más de una ocasión, ahorraron centenares de miles de vidas humanas.

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