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CARTAS AL DIRECTOR

Día 28/04/2011

Premio Cervantes

Felicidades a doña Ana María Matute por su premio Cervantes. Merecido y con creces el recibir el más alto galardón de las letras españolas. Su Majestad el Rey Don Juan Carlos acierta de pleno al alabar de ella su «maestría para convertir la realidad, por dura que sea, en hermosas palabras». Nuestra internacional lengua de Cervantes y el arte de la literatura están de enhorabuena. Hoy, el pensamiento de la señora Matute y sus obras son aún más inmortales.

DAVID GARCÍA

MADRID

La generación frustrada

A la hora de poner etiquetas nos las pintamos solos. La última que he leído es la que califica a los jóvenes como «la generación perdida». No sé en base a qué se tacha de esta manera a nuestros jóvenes. Desde luego, fácil no lo tienen: con un 46 por ciento de paro juvenil y unas perspectivas de trabajo poco halagüeñas, podemos imaginar que no se sientan muy ilusionados. Esta situación resulta más grave si tenemos en cuenta que un porcentaje elevado ha dedicado mucho esfuerzo y tiempo en complementar su formación académica con cursillos, máster, idiomas, que les han dado una buena formación técnica, aunque en muchos casos exenta de valores, que les capacita para competir con los jóvenes de otros países de igual a igual. La emigración, en busca de un trabajo, como ocurrió en los años cincuenta, ya no se hace por una mano de obra sin cualificación: ahora emigran buenos profesionales que, ante la situación del mercado de trabajo en España, no les queda más solución que buscar una salida profesional fuera. Lo lamentable, independientemente de las cuestiones afectivas, que las hay, es la cantidad de recursos económicos que se han empleado para que al final la salida que les quede sea la emigración y que no podamos aprovechar sus capacidades. Es una generación, más que perdida, frustrada en sus anhelos y en sus ilusiones, a cuya situación han contribuido los poderes públicos, que no supieron o no quisieron poner los medios oportunos en el momento necesario; el afán desmedido de dinero, a cualquier precio; la instrumentalización de las personas… en definitiva, a la falta de principios morales y de valores. Pero si difícil es para estos jóvenes, lo es más para el 30 por ciento sin cualificación. Lo más llamativo es que las soluciones que se ponen en marcha son más de lo mismo.

FERNANDO VILLAR MOLINA

MADRID

Teatro Real

Soy abonado de ópera en el teatro Real y creo interpretar también la opinión de otros muchos abonados al expresar mi malestar por cómo se está llevando a cabo la programación de la temporada de ópera en el mismo y el desprecio que están manifestando los actuales gestores de dicho teatro hacia un sector bastante numeroso del público.

En la ópera lo importante, lo fundamental, es la música, es decir: la partitura, los cantantes y la orquesta. Lo demás de la producción, con la puesta en escena, sólo debe servir para enmarcar y dar realce a lo anterior, situando la obra en su contexto y poniendo al espectador en disposición de entender y disfrutar de una representación artística de primerísimo orden. Cuando el productor se quiere convertir en el protagonista, en primer lugar está usurpando un papel que no le corresponde, y en segundo lugar está desvirtuando, adulterando y aprovechando —yo creo que ilícitamente, o por lo menos irrespetuosamente— el trabajo genial de los autores y el esfuerzo y buen hacer de músicos y cantantes, sin el cual la producción carece por completo de sentido.

Y si además lo hace con intención de provocar, puede que le sirva para ocupar titulares en los periódicos y en las revistas especializadas, pero, aparte de ser una falta de respeto y consideración al público del que vive, está haciendo un flaco favor a la ópera.

JUAN FRANCÉS

MADRID

La semana de nuestras vidas

Estamos en la semana en la que se va a producir el partido del año, la boda del siglo y la beatificación del milenio. Señores, déjense ya de tantos acontecimientos históricos, que ya estudiarán mis nietos. A mí lo que me interesa es que la gente tenga trabajo y que podamos comer, porque si no, posiblemente no llegue a tener esos nietos que tienen que estudiar lo que está ocurriendo esta semana.

Vale ya de la España de pandereta: pongámonos serios aunque sea por una vez, y que alguien definitivamente intente (por lo menos) solucionar el paro en España.

JOSÉ PEIRÓ GALBIS

VALENCIA

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