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Columnas / TARJETA DE EMBARQUE

Frankestein en el Peñón

Día 26/04/2011

Peter Caruana es un político hábil. No en vano lleva quince años gobernando a los gibraltareños y tiene intención de seguir haciéndolo unos cuantos más. Los sondeos para los comicios de octubre dan una cierta igualdad a su partido socialdemócrata con los laboristas del veterano Joe Bossano, que ha terminado por ceder el paso a otro candidato —Fabian Picardo— para intentar arrebatarle el despacho del número 6 de Convent Place que la sede del ministro principal de la colonia británica.

La proximidad de las elecciones está, sin duda, en la base de las últimas actuaciones de Caruana, desde el fomento del hostigamiento a las patrulleras de la Guardia Civil en aguas cercanas al Peñón hasta el frenazo del Foro Trilateral de Diálogo que puso en marcha Miguel Ángel Moratinos al llegar a Exteriores.

El Foro ha podido tener algunos resultados buenos —no muchos, ciertamente—, pero sobre todo ha hecho crecer al monstruo y éste se ha vuelto contra su creador. Frankestein en estado puro. Caruana le ha sacado al Foro todas sus posibilidades, utilizándolo para sus propios intereses. Ha figurado en las reuniones al mismo nivel que los ministros de España y del Reino Unido; ha sido el anfitrión de la primera visita de un titular español de Exteriores a Gibraltar; ha conseguido enormes facilidades de tránsito y de comunicación para la colonia; y, finalmente, ha intentado ser una parte más a la hora de tratar cuestiones que afectan a la soberanía, y que sólo pueden ser abordadas por Madrid y Londres.

Pero Caruana no ha engañado a nadie. Sencillamente, se ha aprovechado de los ingénuos planteamientos de un Gobierno que se lo puso en bandeja. Y mientras, los británicos, felices de que, durante siete años nadie les haya inquietado con esas molestas reivindicaciones de soberanía.

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