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El capitán Lozano: el abuelo de Zapatero que reprimió la revolución socialista de 1934

Día 23/10/2013 - 14.46h
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Juan Rodríguez Lozano ayudó a sofocar la revuelta de mineros organizada por el PSOE y UGT, en la que murieron más de 1.000 personas

El capitán Lozano: el abuelo de Zapatero que reprimió la revolución socialista de 1934
ABC
Retrato del general Juan Rodríguez Lozano, en la década de los 30
El 23 de agosto de 1936, diarios como «ABC», «El Sol» o «La Libertad» contaban en una pequeña reseña los primeros momentos del levantamiento militar franquista en la provincia de León. En el último párrafo se apuntaba que «el capitán D. Juan Rodríguez Lozano, procesado con ocasión del movimiento de Octubre de 1934, no quiso secundar la subversión y fue hecho prisionero, pero se desconoce la suerte que haya corrido». Este capitán republicano, que había sido fusilado cinco días antes en Puente Castro (León), era el abuelo paterno del Zapatero. La figura que, según dicen, más ha influido y moldeado la personalidad política de expresidente, aun no habiéndole conocido jamás.

Muchas veces fueron las que al anterior presidente exteriorizó el orgullo que sentía al hablar de su abuelo, el capitán Lozano, ya fuera en los mítines o incluyendo reseñas de su figura en su propia biografía. Y es que Zapatero quedó profundamente marcado cuando su padre sacó el testamento que había escrito éste poco antes de ser ejecutado por los fascistas, y se lo leyó a él y a su hermano: «Muero y perdono. Mi credo fue siempre un ansia infinita de paz, el amor al bien y mejoramiento social de los humildes», decía el documento.

Un «hombre bueno» que perdió la vida «por el compromiso con unas ideas» o el capitán que «murió defendiendo los valores de la democracia en la Guerra Civil española», le describió Zapatero en alguna ocasión. Lo curioso es que pocas veces el expresidente del Gobierno mencionó que su abuelo ya había estado a punto de morir dos años antes defendiendo la democracia de un gobierno de derechas, al participar en la dura represión dirigida por Franco contra los mineros asturianos que protagonizaron la Revolución de octubre de 1934. Una revuelta organizada precisamente por el PSOE y UGT, y en la que murieron más de 1.000 personas a manos del Ejército.

Lozano, «el socialista»

Juan Rodríguez Lozano nació en 1893 en Alange (Badajoz) y era hijo de un teniente de infantería, Sebastián Rodríguez, que murió en la Guerra de Cuba cuando él era un niño. El Ejército parecía su destino y, en 1911, cuando tenía 18 años, podemos encontrar su nombre publicado en ABC, entre los que habían aprobado el primer examen para entrar en la Academia Militar de Infantería de Toledo. O en 1913, en «El Heraldo Militar», entre los que habían accedido finalmente tras aprobar el quinto examen.

Seis años después se marchó a África a combatir junto al general Sanjurjo –que luego tendría un papel protagonista en la sublevación de Franco–, consiguiendo la Cruz del Mérito Militar y regresando más tarde a la Península, primero a Lérida y, después a León.

Por aquella época, Rodríguez Lozano ya era, como lo será Zapatero décadas después, un socialista convencido y orgulloso que llegó incluso a escribir al director de «El Socialista», Julián Zagazagoita, ofreciéndose como colaborador: «Esta carta no es ni de un oficial monárquico ni de un oficial señorito –decía–. Es simplemente la carta de un militar que, a pesar de serlo, siente inquietudes espirituales y tiene la esperanza de una Humanidad mejor, de una más justa y más científica organización social». Y después se ofrecía para escribir en el diario «con pseudónimo, por supuesto, o sin firma sobre asuntos de índole castrense y desde un punto vista determinadamente socialista».

La represión de los mineros

Este arraigado socialismo, sin embargo, no le impidió acudir –por convicción militar, por querencia democrática o por obligación profesional– a las revueltas inciadas en Asturias, como ayudante del coronel jefe de su regimiento, para apoyar el avance del Ejército y combatir con determinación a los sublevados. Fue en la toma del municipio de Ronzón donde estuvo a punto de perder la vida al ser tiroteado por los mineros, muchos de ellos socialistas, en su afán por defender la República, aunque estuviera bajo un gobierno de derechas en ese momento.

Esta misma lealtad republicana es la que le costaría la vida dos años después, cuando decidió regresar a León, nada más tener noticia de la sublevación militar, desde el hoy desaparecido pueblo de San Pedro de Luna, donde pasaba las vacaciones con su hermana y su familia. Una vez en el cuartel, su superior, el general Lafuente, le ordenó hacer de enlace con el gobernador civil a la espera de noticias del Gobierno.

El capitán Lozano se mantuvo fiel a la Segunda República, al Gobierno de Azaña. Por ello, el general Lafuente, que aún hoy cuenta con una calle en León, decidió denunciarle por su afiliación socialista. Por ello fue detenido y encarcelado en la prisión de Puerta Castillo. Y después, trasladado al Hostal San Marcos, donde permaneció hasta su ejecución.

Fue allí donde pudo escribir de puño y letra su testamento y recibir la visita de su mujer antes de morir. Y fue por ello por lo que primero su hijo y después su nieto, Zapatero, pudo leer aquel documento familiar que le cambió la vida para siempre. ¿Qué hubiera pasado si su abuelo Juan hubiera muerto dos años antes en la represión contra los sublevados del PSOE y UGT? ¿Sería también socialista y habría llegado a presidir el Gobierno?

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