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El listo del día

En listos andamos sobrados. No estaría de más que la elección de uno nos sirviera para ver de dónde sopla el viento

Día 09/04/2011

HACE ya unos cuantos años, en uno de esos días de calor prematuro que trae la primavera gaditana, escuché la conversación, en la playa de La Caleta, a la sombra del castillo de San Sebastián, de dos paisanos que sesteaban juntos. Hablaban de la entonces recién elegida alcaldesa, Teófila Martínez. «Esa, "la rubia", dijo uno de ellos, es más lista que Lepe, Lepijo y su hijo». El tiempo le ha dado la razón; pero, si se busca el sentido de las palabras, en el dicho popular hay algo oscuro que, ahora que hay tanto listo en la política española, inquieta un tanto. Pedro de Lepe y Dorantes, gaditano de Sanlúcar de Barrameda, el Lepe del dicho, fue, en el XVII, obispo de Calahorra y pasó a la Historia como personaje de gran cultura, autor de un Catecismo que, en sus días, fue tan popular como los de Astete y Ripalda. Ahí surgió entonces, y todavía me dura la perplejidad sobre la propiedad del conocido apotegma. ¿Quién es Lepijo? Algún parentesco deberá haber, supongo, entre monseñor Lepe, el ignoto Lepijo y el hijo, bien lo sea del uno o del otro.

Aquí, ya digo, en listos andamos sobrados. No estaría de más la elección de un «listo del día» que nos sirviera, como las veletas, para ver de dónde sopla el viento. Si se tratara de elegir el de hoy, tendría serias dudas entre Mariano Rajoy y Manuel Chaves porque, cada cual en su estilo, marcan límites de difícil alcance en sus dichos pretendidamente astutos y, por ello, ramplones.

Rajoy, ante la hipótesis de que Ricardo Costa figure en la lista del PP de Valencia, le contestó a un colega que, voluntarioso, le preguntó por el personaje: «¿Costa, quien es Costa...?». A eso, algunos, le llaman astucia, pero conviene aclarar que la astucia no siempre es virtuosa. Rajoy, como cualquiera, es dueño de contestar una pregunta o no hacerlo; pero no entra en sus prerrogativas la posibilidad de burlarse de los ciudadanos a quienes representa con el alto rango de líder de la oposición y muy probable y próximo presidente del Gobierno. «Yo no me ocupo de esas cosas», añadió el de la gaviota. ¿De qué se ocupará el hombre?

Chaves tampoco es manco en eso de las astucias ramplonas y descalificadoras. No contento con la vaciedad funcional con la que ejerce como vicepresidente tercero del Gobierno de España, rechaza, sin más, las irregularidades de la Junta que presidió durante casi dos décadas en beneficio de sus propios hijos y, como mejor defensa, le atribuyó la culpa a los «muñidores» del escándalo. Entre ellos al «jefe del departamento de basuras del PP, Javier Arenas». Finísimo y delicado.

Quizás un listo del día sea poco. La nominación debe ser más generosa.

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