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Algo pasa con Cameron

Cameron Diaz se ha mutado en el Increíble Hulk

Día 02/04/2011
Algo pasa con Cameron
AFP 

Marni Nixon, Anita Ellis y Sarah Lane pueden ser nombres desconocidos para la mayoría. Los de Audrey Hepburn, Rita Hayworth y Natalie Portman, no. Las tres primeras son las dobles de las estrellas. Marni Nixon cantó por Audrey en «My fair lady» (salvo parte del «Just you wait»). También por Deborah Kerr en «El rey y yo» y por Natalie Wood en «West side story». Anita Ellis cantó por Rita en «Gilda». Y Sarah Lane, del American Ballet Theatre, ha bailado por Natalie Portman en «Cisne negro». En ningún momento se negó que Portman tuviera una doble para puntas y saltos, tanto los de cuerpo entero como aquellos donde sólo se veían las piernas. Pero parece que Sarah Lane, no acreditada, se ha rebotado y lo ha contado todo. Y todo es nada. Es un poco como el dueño del puticlub alicantino donde se rodaron las escenas con putas reclamando a Santiago Segura que no se le ha hecho la publicidad acordada. Pues va y se la hace él quejándose. También recuerda (modo gafapasta) a «El doble» de Dostoievski, cuyo protagonista ve como su otro yo obtiene favores que a él le son vedados.

Un rumor de la industria dice que Audrey Hepburn no obtuvo el Oscar por «My Fair lady» (ni la nominaron) porque la prensa desveló el doblaje de Marni Nixon. Se lo dieron a Julie Andrews por «Mary Poppins», que desde luego cantaba, tanto en «Mary Poppins» como en «My Fair Lady» (en Broadway). Audrey recibió, no obstante, su gran ovación en la ceremonia (habrá que mencionarlo, como en una reseña de toros, que no todo son orejas y rabos). Pero, qué demonios, Audrey es Eliza Doolitle, como Rita Hayworth es esa mujer con guantes largos que canta «Put the blame on mame», pese a que no cante. Y Natalie Portman es la chiflada bailarina de «Cisne negro», donde el rarito de Aranofski juega con la idea del dopplegänger, el doble malvado. Nadie ha discutido que la espalda y los brazos de Natalie Portman sean suyos. Una espalda y unos brazos esculpidos y estirados con un programa de entrenamiento de cinco a ocho horas diarias (seis días a la semana) diseñado y dirigido por la bailarina Mary Helen Bower. Ballet, estiramientos, levantamiento del propio peso (no pesas) y una dieta dieron como resultado un cuerpo que podía pasar por el de una bailarina. Vuelvo a la idea del doble. Y no porque Paqui la Fandanguilla parezca Jesulín de Ubrique disfrazado de mujer. Me refiero a la idea de las personas que se construyen un cuerpo. Otro cuerpo. Aunque nunca llegan a tener dos vagando por ahí a la vez, como «El vizconde demediado» de Italo Calvino. Aquí el doble malo (¿el bueno?) sustituye al bueno (¿al malo?). Bustamante es un caso, que me parece a mí que eso no sale solo con dieta y ejercicio. Pero el más impresionante es el de Cameron Diaz. Por el cambio dado. Porque estábamos acostumbrados a los brazos de Madonna, Linda Hamilton o Holly Hunter. Pero Cameron se ha mutado en el Increíble Hulk (menos verdoso). Sin embargo, los hombros y brazos de la Princesa Letizia, definidos y moldeados, son otra cosa. Aunque llaman tanto la atención que esta semana casi todas la crónicas señalaban que el vestido rojo de Caprile «le dejaba los brazos al descubierto», como si llevara al aire algo que no se pudiera mostrar.

Es verdad que los brazos son las nuevas piernas pero me da la impresión de que las mujeres están haciendo otra elección. Lo de que a cierta edad teníamos que elegir entre la cara y el culo queda atrás. Ahora se puede elegir entre los brazos y el culo. Y los enseñamos. Los brazos. Con el trabajo que cuestan…

Las madres lo saben

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