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La OTAN defiende su dignidad

Podíamos evitar una tragedia, dijo Obama, y debíamos hacerlo. América ha reaccionado en defensa de lo que es justo

Día 31/03/2011

NO es imposible que Obama, Sarkozy, Cameron, Erdogan, Rodríguez Zapatero, el premier canadiense, Stephen Harper, y otros líderes, escondieran motivaciones oscuras, intenciones inconfesables que les empujaran a bombardear Libia. Pero por una vez proponemos a los lectores que imaginen algo distinto: la coalición se forma para parar a un asesino. Sin la intervención, los resistentes libios hubieran sido liquidados en horas. Barack Obama lo ha sostenido en su discurso de Fort McNair, Washington: los intereses vitales de Estados Unidos no estaban en juego. Pero «en este país concreto y en este momento… podíamos evitar una tragedia y teníamos que hacerlo», afirmó el presidente. La primera potencia no podía zafarse. «América ha reaccionado en defensa de lo que es justo».

Paréntesis: los policías antidisturbios enviados por la ministra Michèlle Alliot-Marie llegaban a Túnez el mismo día en que era defenestrado Zine el Abidine Ben Ali, extrañas casualidades.

Pero volvamos a nuestro asunto. Se dice que Sarkozy, necesitado de borrar el escandaloso proceder de MAM, conminó a sus invitados del 19 de marzo: los aviones franceses, dijo, han despegado ya y dentro de quince minutos sobrevolarán Libia. Podemos ordenarles que vuelvan, pero en el punto en el que estamos sería una orden difícil de entender.

De acuerdo, hay otros dictadores en el mundo. De acuerdo, los marines no pueden desembarcar al mismo tiempo en Yemen, Siria, Jordania, Argelia. De acuerdo, Bahréin mata a sus oponentes desarmados. Pero cuánta vergüenza hubiéramos pasado si Gadafi hubiera degollado a millares de insurrectos, con su sonrisa detrás de las gafas y el gorrillo sobre el vomitable traperío. No hubiera habido suficiente Pepsamar para atajar las arcadas.

En este lado del mundo, no hay acción militar posible sin mando y control de Estados Unidos. Un general francés difícilmente mandará en fuerzas aéreas británicas. Ni un almirante británico marcará el rumbo del portaaviones Charles de Gaulle. Es difícil de explicar pero es así. Aquella noche los buques de la Sexta Flota, con los cazabombarderos americanos y británicos sobre Trípoli, alcanzaron sus objetivos, incluido el complejo presidencial, perdonen la expresión. De ahí que volvamos al principio: ¿y si nos encontráramos con que el desinterés material y la dignidad política se hubieran impuesto en este caso sobre el mero aprovechamiento de la ocasión? ¿Y si los misiles tomahawkhubieran sido disparados por sentido del deber, por el decoro de unos gobiernos? ¿Y si los rebeldes libios, a los que desconocemos del todo, estuvieran empeñados ante todo en la unidad de su país? ¿Y si Al Qaeda estuviera jugando un papel insignificante?

Es posible que Gadafi no deje el poder. Pero lo contrario también puede ocurrir. Y desde este lado del mundo se debe actuar como si se necesitara solo un esfuerzo más, una andanada final de tomahawk.

El almirante americano James Stavridis es responsable del mando supremo de la Otan en Europa, SACEUR. El mando de la operación en Libia ha sido confiado al general canadiense Charles Bouchard. Esta estructura militar cumplirá las órdenes recibidas de los gobiernos de la coalición. Gobiernos inusualmente hostilizados hoy, como recordaba el martes Miguel Ángel Aguilar.

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