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Fiestas al límite con drogas y Viagra

Día 03/04/2012 - 17.07h
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Los traficantes aprovechan el incremento del consumo de fármacos para la disfunción eréctil entre jóvenes

Cóctel fatal para una noche sin límites. Ingredientes: varias pastillas de «Mitsubishi» o «Superman», «te ponen cachondo y te entran ganas de bailar y de hablar con la gente». Añadimos dos o tres rayas de cocaína, «hace que estés más activo». Incorporamos el alcohol, «por tener algo en la mano», y ponemos la guinda con una o media pastilla de Viagra, «por curiosidad, una locura entre amigos». Es la receta que probó hace cinco años Raúl. Entonces, este madrileño tenía 21 años. «Estábamos en la feria de Toledo. Habíamos consumido de todo y un amigo apareció con un puñado de pastillas azules de Viagra». Desconoce de dónde procedían, aunque Raúl sabe que en internet hay centenares de páginas donde es fácil hacerse con ellas.

El grupo de amigos no dudó en acabar con el manjar y no vaciló tampoco en continuar bebiendo y consumiendo otras drogas después de su ingesta. Raúl se tomó una. Al cabo de media hora comenzó a aflorar la apetencia sexual. «Íbamos colocados de otras sustancias, así que no sé realmente si los efectos eran de la Viagra o de lo otro»; como tampoco sabía si aquella noche terminaría practicando sexo con alguna mujer. Finalmente ejecutó, pero en solitario. «Cuando llegué a casa, ocho horas después de haberme tomado la pastilla, me masturbé. No le saqué partido. Algún amigo con novia le daría caña, pero yo no enganché a ninguna. Fue una locura, como si nos comemos unas pipas».

Repunte desde hace 5 años

El consumo de pastillas para la disfunción eréctil está creciendo en los últimos años, según fuentes policiales. El tráfico ilegal de las mismas en la noche y en internet también, tal y como informó ABC el domingo en el reportaje «Las mafias se pasan al negocio de dopaje». Este incremento de fármacos contra la impotencia se debe al aumento de uso de esteroides anabolizantes y a la ingesta entre jóvenes que, por necesidad, curiosidad o inconsciencia, la prueban.

Ignacio Moncada, jefe de Servicio de Urología de la Clínica de la Zarzuela, también confirma este repunte de hace cinco años a esta parte entre jóvenes de 20 a 25 años. «Muchos acuden a la consulta y la piden por problemas de origen psicológico o físico, pero también la adquieren en discotecas. Fundamentalmente porque hay miedo al fracaso, a quedar mal en una relación sexual. Esto ocurre porque es la mujer la que toma la iniciativa ahora y los chicos están más asustados. El problema es que lo que se compra a través de internet o en la discoteca es falso», explica Moncada. En el mejor de los casos son copias o placebos.

Problemas cerebrovasculares

Este especialista en urología detalla las consecuencias de tomar dosis más altas de lo normal en tratamientos para la disfunción eréctil o de mezclarlos con otras sustancias: «Hipotensión, síncope y problemas cerebrovasculares». El mejor consejo de Moncada es que si algún joven tiene problemas de erección acuda al médico. Una recomendación que no siguió Jorge hace cuatro años, cuando tenía 22; ni Luis hace cinco, cuando tenía 32. «Por hacer la gracia y por curiosidad la tomé. La conseguí a través de un amigo que trabajaba en una farmacéutica. Les dan muestras y me pasó una. Sólo me tomé media de 25 miligramos y estuve empalmado cuatro horas. El sexo duró hasta que ella no podía más», recuerda el primero.

«Tengo un compañero jubilado al que se la recetan y él nos surte a unos cuantos. Unos se la toman para tener sexo con distintas mujeres en una noche. Yo la he tomado cuatro veces para experimentar con mi mujer. Así se aguanta más. Es un gran invento. Eso sí, siempre lo hago para ocasiones especiales», detalla el segundo.

Al hablar de efectos secundarios, ninguno de los consumidores notó nada extraño. «Lo único, que al final te da el bajón, pero no sé si fue de la Viagra o de las otras drogas», cuenta Raúl. «Solo una de las cuatro veces me quedé dormido y no me sirvió para nada y fue porque había tomado alcohol», aclara Luis. Moncada explica que tanto el alcohol como otras sustancias estupefacientes contrarrestan los efectos de los medicamentos para la impotencia. «Además de poner en riesgo la vida de uno mismo», sentencia.

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