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Occidente y el futuro de Gadafi

La comunidad internacional tiene que definir los objetivos finales de su intervención en Libia, más allá de impedir la violación de derechos humanos por parte de Gadafi

Día 19/03/2011

EL dictador libio, Muamar el Gadafi, ha respondido con un alto el fuego a la resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que autoriza la implantación de zonas de exclusión aérea. Se trata de un movimiento táctico, con el que Gadafi pretende debilitar el apoyo internacional, sobre todo árabe, a una intervención militar; y, al mismo tiempo, consolidar todo el territorio que ha recuperado frente a los rebeldes en estas semanas de indecisión de Naciones Unidas. La resolución es, en todo caso, una buena noticia, pero es obvio que llega muy tarde y que no resuelve la cuestión de fondo que de verdad importa, que es la continuidad o no de Gadafi en el poder. Hay que recordar que tras la primera guerra del Golfo, los aliados establecieron dos zonas de exclusión aérea en Irak, lo que no impidió a Sadam Husein masacrar a los chiíes de Basora. Pasaron doce años hasta que otra coalición internacional puso fin a su tiranía.

La comunidad internacional tiene que definir los objetivos finales de su intervención en Libia, más allá de impedir la violación de derechos humanos por parte de Gadafi, lo que no se logrará sólo con el control aéreo del país. El peligro de limitar la actuación internacional a la exclusión aérea, sin acciones ofensivas contra las tropas leales a Gadafi, es que acabe arraigando un estatus difuso, en el que el dictador mantenga el poder bajo una tutela vacilante y contradictoria de la comunidad internacional. Es imprescindible saber si Europa y Estados Unidos van a permitir que Gadafi acabe ganando, con fuerzas terrestres mejor armadas y dirigidas que las rebeldes, la guerra civil desatada en Libia.

Lo único cierto es que Gadafi ha vuelto a convertirse en un peligro para los países occidentales, porque es un demente con armas y con petróleo. Sus amenazas de apoyar a Al Qaida o de atentar contra los aliados no deben caer en saco roto. Esto último no sería la primera vez que lo hiciera. Además, muchos líderes europeos se han manifestado expresamente en contra de su continuidad, haciéndose tributarios de sus palabras. El apoyo occidental a los rebeldes ha sido tan explícito que la comunidad internacional no debería dudar en desarrollar una estrategia de derrocamiento de Gadafi. Los temores europeos —Alemania vive mirando sólo los procesos electorales pendientes en varios estados federados— y la evidente desgana de Washington a un nuevo escenario militar duradero son las bazas a favor de Gadafi.

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