Columnas

Columnas / AD LIBITUM

Pactos para no cumplir

En plena crisis económica, el despilfarro electoral —único por su cuantía en toda la UE— es un desacato a los ciudadanos

Día 19/03/2011

DENTRO del tótum revolútum que nos envuelve, en el que tanto montan Fukushima como Gadafi o las escaramuzas para la sucesión de Rodríguez Zapatero, es muy posible que dedicar una columna periodística a algo que no sea el sorteo de Nyon, donde la UEFA tiene su guarida, sea un delito de lesa actualidad. Un desacato a los lectores. Como suele suceder cuando la actualidad fuerza la coincidencia temática de las primeras páginas de los diarios de la izquierda y la derecha, cultos o populares, gratuitos o de pago, impresos o electrónicos, la sociedad busca refugio en algo más gratificante, y La Champions, con el Madrid y el Barça en candelero, es un placentero balneario en el que refugiarse de la realidad trascendente.

Al margen del fútbol, el gran tirano de la información, lo que hoy puede sulibeyarnos, al modo que lo cantaba Carlos Mejía Godoy, son los perjúmeneselectoreros que emanan los grandes partidos. Hace unas pocas semanas, el PSOE y el PP, tal para cual, convinieron, por razones de economía y respeto cívico, limitar la propaganda electoral a los quince días de campaña que marca el reglamento. A pesar de tan benéfica intención, a sesenta días de los comicios, ya abundan en las calles —sin petición de voto, eso sí— los cartelones con la jeta de los candidatos y son muchos los actos y maniobras que no serán, en sentido estricto, «propaganda electoral», pero que lo parecen.

¿A quién querrán engañar los rabadanes que pastorean nuestras grandes formaciones partidistas? Cuentan, en función de la experiencia, con que la Junta Electoral se comporta como los tres monos sabios del santuario nipón de Toshogu, en la zona afectada por las radiaciones: ni ve, ni oye, ni dice. Se tapa los ojos, los oídos y la boca para acreditar prudencia y lo que genera es desconfianza. En las circunstancias actuales, en plena crisis económica, el despilfarro electoral —único por su cuantía en toda la UE— es un desacato a los ciudadanos que, paradójicamente, sufragamos con nuestros impuestos la propaganda tanto de los partidos próximos como de los distantes. El truco de colocar grandes cartelones de publicidad exterior para retirarlos el día 29, cuando se publique el decreto que nos convocará a las urnas, es tan burdo que más sirve para el autoengaño partidista que para salvar la cara ante la norma y los electores. Y, además, los correos electrónicos, la publicidad postal, los mítines radiofónicos encubiertos... Claro que, como con gran cinismo asegura el ministro de la Presidencia, «el Gobierno es ajeno a las medidas del partido». Lo del fútbol es mucho más serio y está mejor regulado.

Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.