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La ONU autoriza la intervención militar en Libia

La votación aprueba crear una zona de exclusión aérea y "todas las medidas necesarias", pero excluye una invasión

Día 18/03/2011 - 09.40h

El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el jueves por 10 votos a favor, 5 abstenciones y ningún voto en contra exigir el cese inmediato de la violencia en Libia y adoptar todas las medidas necesarias para proteger a la población civil, incluida la imposición de una zona de exclusión aérea y el bombardeo desde el aire de las defensas y la artillería de Gadafi. Aunque no se especifica al cien por cien de detalle el alcance de estas medidas, sólo la invasión terrestre del país queda fuera de la cobertura de la resolución, aprobada con considerable sufrimiento diplomático. Estados Unidos, Reino Unido y Francia afirmaron que estaban dispuestos a entrar en acción en “horas” para implementar lo acordado. Los primeros bombardeos aliados podrían tener lugar este mismo viernes. El dispositivo para la exclusión aérea podría completarse en días. Egipto ya está mandando armas a los rebeldes. Jordania, Qatar y Emiratos Árabes son otros países árabes que podrían participar en la implementación de la resolución.

La decisión tiene dos precedentes importantes en Irak en 1991 y en Bosnia en 1992. En el primer caso fue una decisión de Estados Unidos, Reino Unido y Francia no amparada por ninguna resolución expresa de las Naciones Unidas. Inicialmente la exclusión aérea era por encima del paralelo 36 (hasta 1996) pero luego se extendió por debajo de los paralelos 32 y 33 (hasta 2003). En su momento se hizo valer que estas medidas eran necesarias para defender al pueblo kurdo de las agresiones de Saddam Hussein.

En 1992 sí fue el Consejo de Seguridad de la ONU el que aprobó por unanimidad prohibir el tráfico aéreo en Bosnia-Herzegovina para frenar el genocidio que allí tenía lugar ante los asombrados e impotentes ojos de Europa. Ni la UE ni los cascos azules de la ONU ni la exclusión aérea lograron aliviar el sitio de Sarajevo o la vergonzosa masacre de civiles en Srebrenica. El operativo se mantuvo hasta 1995 pero no hubo progresos dignos de mención para parar la guerra hasta la entrada en juego de la OTAN.

En resumen, imponer una zona de exclusión aérea sobre un país en guerra es algo que implica una seria movilización de recursos y un considerable desgaste, también político. El Consejo de Seguridad de la ONU llevaba desde el martes debatiendo el borrador de resolución sobre Libia impulsado por Francia, Reino Unido y Líbano con el apoyo expreso de Estados Unidos. El problema era la oposición de China y Rusia, dos miembros permanentes del Consejo, armados con el derecho de veto. La aprobación de la resolución exigía no menos de 9 votos a favor y ni uno solo en contra.

Las abstenciones, clave

La clave estaba en lograr que los recalcitrantes se abstuviesen, es decir, renunciaran a vetar aunque no estuvieran de acuerdo. Esa era la esperanza de Francia, que el jueves movilizó su máximo alfil diplomático, el propio ministro de Exteriores, Alain Juppé. Este canceló toda su agenda del día, que habría debido transcurrir en Berlín, para desplazarse a Nueva York y pilotar personalmente las negociaciones.

Todo ello mientras el texto que tantas ampollas levantaba se iba quedando rápidamente obsoleto. Hillary Clinton proclamó alto y claro desde Túnez que con Gadafi a menos de 200 kilómetros de Bengasi, ya no bastaba con una zona de exclusión aérea: había que bombardear. El problema de decir esto, aunque fuese cierto, era que añadía presión y tribulaciones a los negociadores. Juppé luchaba a cara de perro por un borrador que lo hiciera todo posible –excepto la invasión terrestre- pero que no descendiera al detalle de un modo intolerable para los no amigos de la resolución.

Todo esto ocurría en medio del fragor de las tremendas amenazas de Gadafi. Por un lado este advertía a los rebeldes de que en Bengasi serían exterminados sin piedad –“no habrá clemencia”, aseguró-, mientras por el otro alertaba a norteamericanos y europeos de que pensaba devolverles el golpe con ataques contra objetivos militares y civiles en el Mediterráneo. Por no dejarse nada en el tintero, mencionó incluso la represalia energética, asegurando que en el futuro sólo la “inteligente” Alemania tendría en toda Europa acceso al crudo libio, que por lo demás sólo iría a Rusia, China y la India.

Finalmente votaron a favor Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia entre los miembros permanentes del Consejo. Entre los no permanentes se obtuvo el apoyo de Bosnia-Herzegovina (a su vez objeto de resoluciones parecidas en el pasado), Colombia, Gabón, Líbano (el tercer proponente inicial), Nigeria, Portugal y Sudáfrica. Aparte de los miembros permanentes China y Rusia, se abstuvieron Alemania, Brasil y la India. Con lo cual se obtuvo un voto más de los nueve necesarios, y se cumplió el requisito de que no hubiera votos en contra, sólo abstenciones.

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