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Benzema pone el turbo

El Madrid se impone con comodidad a un flojo Hércules de la mano de un Karim redivivo que solucionó el choque con determinación y acierto

JOSÉ MANUEL CUÉLLAR

Hay partido que se ven venir antes incluso de empezar. Solo con la colocación de los hombres en el terreno de juego antes del partido inicial se supo que aquello era para levantarse, visite nuestro bar y a comerse unas patatas fritas con espumosos varios. Una línea de cuatro en el Hércules respaldada por otra de cinco más, dejando solo arriba al pobre Portillo, al que forraron a pelotazos sueltos para los que tuvo que ponerse un collarín y verlos en las alturas.

El Madrid se aburrió enormemente con el partido, con un hastío un tanto victoriano, de infinito desdén, como diciéndole al rival «no me molestes que estoy reflexionando en el partido del miércoles».

Así que salió un encuentro tostón. Mou reservó a Xabi Alonso y fastidió el choque. Hizo una mezcla de su estilo de siempre con lo de Santander: siguió jugando en rombo en el centro del campo para sacar a sus dos delanteros, pero jugó con Lass haciendo de Xabi Alonso, que no es lo mismo y menos ante un equipo cerrado con mil candados. Para que el equipo tuviese un rostro similar al de Santander habría sido más lógico que hubiese ordenado que Granero hiciese de Xabi Alonso y Canales de Granero, pero eso era pedirle al portugués un ataque de locura ofensiva que ni por asomo.

No se dio y el partido entró en el carril de pestiño oficial. Todo el Hércules metido atrás y el Madrid con esa actitud que tiene de vez en cuando de «bah, esto está chupado, en cuanto apretemos...». Y la verdad es que tenía la pinta. Más que apretar, la clave estaba en abrir el campo, ocupar las bandas y, sobre todo, buscar a Ozil, un jugador que pasado el minuto 20 aún no había tocado el balón. Cuando lo tocó solucionó el crucigrama. Vio un hueco donde los demás ni lo sueñan y su pase dejó solo a Arbeloa. El pase preciso y letal del lateral lo aprovechó Benzema para dejar tieso al Hércules. Luego, más desmayo, más abanico ante el bostezo y una dejadez excesiva de los blancos que le pudo salir caro.

Jugando andando, medio dormido, el Madrid dejó que el equipo del «Boquerón» se despertase y llegase a los dominios de Casillas, que nunca se duerme, siempre está atento y siempre responde. Un jugador de verdad. Tres veces paró a los herculanos, mitad por su propia valía y mitad porque los alicantinos no acabaron de creérselo, anclada su mente como está en los apuros que están pasando por la cola de la clasificación, allá donde el fuego amenaza con devorar a un decena de equipos. Es lo que le come las ideas, las ganas y la ambición.

Un jugador enchufado

En la segunda parte el Madrid siguió a medio gas. Le bastaba con los detalles de Ozil, Di María y los muy buenos de Benzema. El francés se reivindicó y solucionó el choque con una jugada de mucho mérito. Se fue por el lateral, un pequeño amago y un disparo cruzado de enorme valía. De todos, el galo fue el más enchufado, el que tuvo más ganas y el que puso el sello de lujo a un partido más bien soso e inanimado.

Si muerto estaba el partido, el gol del francés lo mandó al hoyo. Mou empezó a realizar cambios para dar descansos y minutos. Lo mismo hizo Esteban, dando por casi bueno el resultado. El Hércules lo seguía intentando, pero apenas tenía fe en lo que hacía. Siempre estuvo más cerca el tercero del Madrid, que en cuanto empujaba un poquito se llevaba por delante a un rival poco creíble.

Esos minutos de la basura quedaron para ver la altura a la que ha subido Benzema, con mucha más confianza, crecido, con goles (el que más ha marcado en la segunda vuelta) y, en suma, un jugador mucho mejor.

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