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¿Revolución o revuelta?

Occidente va a pagar muy cara tal negligencia. Ya la está pagando con la subida del petróleo. ¡Y es sólo el empezar!

Día 28/02/2011

GADAFI puede matar todavía muchos libios, pero terminará cayendo, esperemos que antes que tarde. Un dirigente que tiene que defenderse a tiros de su pueblo está condenado en un mundo testigo de sus atrocidades, en el que occidente ya no puede ocultar su hipocresía y los libios han descubierto su poder.

Resulta innegable que en el mundo árabe está en marcha una «revolución», que pongo entre comillas porque aún no sabemos si es una revolución auténtica —quiero decir, un cambio de la entera estructura de un país— o una revuelta contra la actual clase dirigente, para ser sustituida por otra de parecidas características. Pues aunque los acontecimientos que sacuden el norte de África y el Oriente Próximo fueron desencadenados por mensajes en Internet e imágenes televisivas, denunciando la corrupción y ensañamiento de sus líderes, un nuevo estado no se monta virtualmente. Se necesita organización, planes, objetivos. Y en esos países sólo hay dos fuerzas que los poseen: el ejército y la religión. El ejército, con sus cuadros de mando, su disciplina y sus armas. La religión, con sus imanes, sus mezquitas y sus redes sociales. En medio, sólo hay una clase media finísima y una intelectualidad muy occidentalizada, y por tanto lejos de una masa ocupada en sobrevivir.

El problema de esos ejércitos es que sus altos mandos se han dejado corromper por la clique gobernante. El de la religión, que se ha dejado arrastrar por el islamismo radical. Ni unos ni otros sienten simpatías por la democracia, pese a sus manifestaciones de «escuchar a sus pueblos». Lo que han hecho, sin embargo, es enviarle a casa por las buenas o las malas.

Cómo va a acabar esto, nadie lo sabe. Por lo que estamos viendo, allí donde el ejército es fuerte, Túnez, Egipto, se ha convertido en garante de la «revolución». Mientras en Libia, donde Gadafi había destruido todos los resortes del estado para asumirlos, lo que se impone son los «consejos populares», de carácter comunal o tribal y fuerte arraigo religioso. Lo que puede conducir a la desintegración del estado o a una república islámica.

Oigo y leo por doquier que occidente debe de fomentar por todos los medios a su alcance una democracia en esos países. Está muy bien, pero llega un poco tarde. Una democracia no se improvisa, como se ha visto en Afganistán e Irak, ni puede imponerse desde fuera por la fuerza. Eso tendría que haberse hecho antes, presionando para la reforma de aquellas sociedades, en vez de hacer grandes negocios con sus líderes y pasando allí nuestras vacaciones invernales. Occidente va a pagar muy cara tal negligencia. Ya la está pagando con la subida del petróleo, que se lleva todos los recortes en el gasto social. ¡Y es sólo el empezar!

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