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El mérito según Zapatero

Zapatero debiera callar después de que más de 600 millones de euros estén en el alero del «caso Mercasevilla»

Día 15/02/2011

ZAPATERO, el líder de las palabras huecas, tiende a confundirnos cuando habla. No por su oscuridad, que no es mucha; sino por los quiebros y transposiciones que suele utilizar en su lenguaje mitinero y propagandista. Es tanto su afán por traspasar al PP la responsabilidad de lo que pasa, de lo que él mismo ha propiciado con su confusión política y su incapacidad de respuesta a los problemas, que ha llegado a entender la potencialidad de una victoria electoral como un valor moral y no, sencilla y democráticamente, como la expresión de la voluntad de los ciudadanos que acuden a las urnas. «¡Merecemos ganar y ganaremos!», ha dicho este pasado fin de semana, en Sevilla, José Luis Rodríguez Zapatero. No constan la fuente o el marcador que le atribuye el mérito a un socialismo que, precisamente en Sevilla, debiera tener la prudencia del silencio después de que más de 600 millones de euros estén en el alero del «caso Mercasevilla», una chorizada de tomo y lomo; pero, aunque constara y resultara oportuno, ¿cómo se «merece» una victoria electoral?

El verbo merecer tiene dos usos principales. Uno, transitivo, es el que nos hace dignos de algo, bueno o malo. No creo que el desparpajo funcional del todavía presidente del Gobierno y su alejamiento de la realidad le permitan considerarse con el mérito suficiente para que, él o su sucesor en la candidatura socialista, merezca la victoria electoral del 2012. Si el uso que el líder del PSOE quiso hacer de su conjugación del verbo merecer fue el intransitivo, su despropósito crece más todavía. Obtener méritos positivos para algo es implanteable para quien tiene en su balance gestor la culpa de no haber querido advertir la presencia de una crisis y la torpeza de no haber sabido enfrentarse a ella con el resultado, de momento, de 4,7 millones de parados, el empobrecimiento general del país, el incremento del déficit y el engorde de la deuda pública.

Insiste falazmente Zapatero en desmerecer a su principal antagonista, Mariano Rajoy, atribuyéndole como muletilla dialéctica una frase de solo cinco palabras: «La culpa la tiene Zapatero». ¿Quién ha de tenerla? Rajoy, sin duda, arrastra la responsabilidad de no haber querido afrontar el coste de una moción de censura —posiblemente perdedora— que pusiera en evidencia la calamidad operativa del presidente y su Gobierno y, al tiempo, presentar a los españoles una alternativa concreta y detallada; pero esa carencia no es, de ningún modo, un mérito de Zapatero. Menos todavía «el mérito» para ganar elecciones. ¿Será superior a las fuerzas del leonés evitar el engaño en sus manifestaciones públicas?

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