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Patio de monipodio

La izquierda ha venido usando su «superioridad moral» sobre la derecha para tapar sus desafueros

Día 14/02/2011

SI por doce trajes, cuatro chaquetas, cinco pares de zapatos y cuatro corbatas, los medios de comunicación «progresistas» le han montado a Camps el cirio que conocen, ¿se imaginan ustedes la que hubieran montado de haber ocurrido en una comunidad del PP lo acaecido en Andalucía, con 647 millones de euros afanados, no en el sentido de «afán», sino en el de «robar o hurtar» que se le da en la jerga de los truhanes? Pues con truhanes estamos tratando, individuos que se han apropiado del dinero destinado a jubilaciones anticipadas sin haber dado golpe en las empresas en quiebra. ¡Claro que se lo imaginan! Titulares de a cuarta, declaraciones indignadas, insultos, descalificaciones, sarcasmos, y peticiones de penas, que no llegaban a la de muerte por no existir en España. Pero ahí los tienen ustedes, calladitos como muertos ante el mayor escándalo de la democracia, pues se han usado fondos dispuestos para ayudar a los menos favorecidos a los chupópteros de siempre.

Ésta es nuestra izquierda. Una izquierda a la que ya no le queda ni vergüenza, tras haber perdido el rumbo, el liderato y las recetas, que tiene que pedir prestadas a la derecha. Una izquierda convertida en clan familiar, que mira por los suyos sin atenerse a ninguna norma ideológica o ética y a la que, tras proclamar que «bajar los impuestos es de izquierdas», sólo le falta decir que «también es de izquierdas quedarse con el dinero de los que se van a paro». Y si no lo dicen, lo practican. Ahí los tienen, en el lugar de la ignominia, Sevilla, sentando cátedra de ciencia política su numero dos: «Rajoy y Arenas son incompatibles con la democracia porque pierden siempre las elecciones», y anunciando por enésima vez su número uno que «la recuperación ya ha empezado». Con la entera sala aplaudiendo. ¿Cómo no iban a aplaudir si la crisis no ha ido con ellos?

La izquierda ha venido usando su «superioridad moral» sobre la derecha para tapar sus desafueros. La altura de sus principios, empezando por «la defensa de los débiles», le ha permitido ocultar desde los crímenes del estalinismo al saqueo del dinero público, que por ser público «no es de nadie», según aquella humorada de una de sus ministras. Pero a estas alturas los conocemos de sobra para saber qué se esconde tras esas alharacas sociales: un afán de obtener ventajas sobre los demás que les asemeja al más grosero capitalismo. Y puede incluso que a algo aún más castizo y antiguo: al Patio de Monipodio, al amparo del Estado de Bienestar.

Lo que puede explicar que siendo Andalucía la más subvencionada de las comunidades españolas, sea, tras décadas de gobierno socialista, la que aparezca a la cola de todas ellas. Claro que ahora sabemos para qué se empleaban esas subvenciones.

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