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De Eisenhower a Merkel

El manual del buen socialista predicaba que, con el euro,el déficit exterior no eraun problema

Día 03/02/2011

EL Gobierno evoca los Pactos de la Moncloa para definir el acuerdo alcanzado con los sindicatos, pero la visita de Merkel se parece mucho a la del presidente americano a la España de Franco. Respaldo político a un alto precio económico. El mundo no dejará caer a España —antes era Estados Unidos nuestro único aliado; ahora Europa es nuestro socio y acreedor—, pero le impone un duro programa de estabilización económica, conveniente y necesario, dado el completo fracaso de la estrategia económica. Franco ensayó la autarquía y la sustitución de importaciones hasta que la ausencia de divisas, la incapacidad de pagar las importaciones de petróleo para calefacción, le puso en manos del FMI y tuvo que aplicar un programa de ajuste de libro de texto. Zapatero ensayó una versión extrema del primer Mitterrand, crecimiento de los sectores públicos y del gasto social sin límites, financiado por una burbuja inmobiliaria hecha posible por la Unión Monetaria. Funcionó hasta que se secó la financiación exterior y la canciller alemana se ha visto obligada a imponer disciplina para salvar el euro. El error es el mismo: pensar que la restricción externa de la economía española no existe, bien porque no encajaba en los Principios Fundamentales del Movimiento, bien porque el manual del buen socialista predicaba que con el euro el déficit exterior no era un problema. El resultado también ha sido el mismo. El emperador acoge a nuestro presidente caído bajo su manto protector, después de haberle hecho inclinar la cerviz y reconocer la realidad. Efectivamente, España es demasiado grande para caer y por eso ha de ser rescatada, incluso de sí misma.

La nueva emperadora pondrá en público su mejor cara, reforzará el compromiso alemán y europeo con España y se mostrará optimista sobre el futuro de este gran país, palabras que no desentonarán mucho de las que pronunció entonces Eisenhower, salvadas las distancias de tiempo y costumbres. Lo importante es lo que le diga en privado, lástima de Wikileaks, pero me atrevo a adelantárselo. «Puedes, querido José Luis, contar con nuestro dinero para sanear las Cajas, que desembolsaremos a través de un renovado Fondo Europeo de Estabilidad, y gracias por aumentar la edad de jubilación, subir el IVA y recortar el gasto público. Pero tienes, no te olvides, dos tareas pendientes: liberalizar el mercado de trabajo, porque esa tasa de paro es insostenible, y poner orden en el desmadre autonómico. No te preocupes; nosotros ya hicimos las reformas que ahora te pedimos y nos ha ido bastante bien. Pero no tardes, que la crisis del euro no ha acabado y la paciencia se agota. Los mercados solo nos están dando un margen de confianza y no estamos dispuestos a que lo malgastes».

El rescate anterior, en los cincuenta, supuso un importante precio político, pagado, por supuesto, dentro del Régimen y sin afectar a la naturaleza autoritaria del mismo. Los falangistas desaparecieron y fueron sustituidos por los tecnócratas. Con todas las diferencias entre la dictadura y la democracia, el presidente Zapatero intenta el mismo juego, sustituir a los rojos que le han acompañado en su primera travesía por el sector liberal socialista, más viajado y presentable, estrategia inteligente que choca con dos problemas no menores: la identificación que los electores hacen del PSOE con Zapatero. Por eso la cuestión sucesoria le perseguirá hasta que tenga que tirar la toalla, y los españoles serán llamados a las urnas y no a una manifestación en la plaza de Oriente.

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