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Cajas de deudas

Hay que contentarse con lo que hay. Un gobierno que sólo a regañadientes realiza las reformas que le imponen

Día 26/01/2011
SIN negar validez al paso dado por doña Elena Salgado en las Cajas de Ahorros, pienso que se ha quedado corto. Tanto o más que una reforma financiera, las Cajas necesitan una reforma política. Mejor dicho, antipolítica: quitarlas de las manos de los políticos locales. Pues vienen funcionando como huchas, no de la comunidad, sino de los dirigentes autonómicos. ¿Que se necesitaba un aeropuerto, un palacio de congresos, un premio de relumbrón, un famoso, un festival? Pues allí estaba la Caja financiándolo. Así se han quedado ellas, con las arcas llenas de deudas, que es lo mejor, por no decir único, que saben hacer nuestros políticos. Y todos contentos, pues nadie protesta la juerga.
Lo malo es que los mercados no lo ven así y Bruselas se dispone a hacer un segundo examen a todas las instituciones financieras de la Comunidad, vistas las trampas que se hicieron en el primero, en la que los bancos irlandeses aprobaron, estando, como hemos visto, a dos velas. Para evitar que ocurra aquí lo mismo, el Gobierno español ha dado a nuestros bancos y cajas hasta septiembre para sanearse, y los que no lo consigan, pasarán prácticamente a ser bancos seminacionalizados, mucho más controlables. Lo que ha hecho poner el grito en el cielo a quienes venían participando en la orgía, desde los gobiernos locales a los sindicatos.
Siendo un paso en la buena dirección, nos parece insuficiente por 4 razones:
—Porque puede ayudar a salir del apuro, pero no es la solución definitiva. El control de Banco de España sólo será efectivo mientras sea independiente del Gobierno de la nación. Y si éste se ve en apuros, echará mano de lo que sea.
—Queda la incógnita de si los 20.000 millones de euros que la señora Salgado ha dispuesto para sanear las Cajas incapaces de sanearse por sí mismas bastarán. Pues su agujero sigue siendo un misterio.
—¿Por qué esperar a septiembre? ¿Por qué no hacerlo cuanto antes? Una vez detectado un tumor, conviene operar ya, para que no siga creciendo. A no ser que estemos ante otra añagaza gubernamental para ganar tiempo y ver si las cosas se arreglan por sí solas. No sería la primera vez, pero sería la última que intentase engañar a los mercados.
—Y por último, ¿por qué no a todas las Cajas? ¿Por qué no quitar de las manos de los políticos incluso las que, aparentemente, marchan bien? Pues la tentación sigue ahí, aparte de que dinero y política combinan mal, tanto desde el punto de vista ético como económico.
Pero, en fin, hay que contentarse con lo que hay, y lo que hay es un gobierno que sólo a regañadientes realiza las reformas que le imponen. Ha empezado la de las Cajas de Ahorros. Veremos cómo termina. Pues aquí somos especialistas en cambiar las cosas para que sigan igual.
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