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Lance Amstrong se despide con claroscuros

El norteamericano se retira por segunda vez en su carrera mientras se repiten las investigaciones y testimonios que le relacionan con el dopaje

Día 23/01/2011 - 17.34h
“Soy feliz por anunciar, después de hablar con mis hijos, mi familia y mis amigos íntimos, que he decidido volver al ciclismo profesional para concienciar sobre la pesada carga global del cáncer”. Ese fue el principal argumento que retronó en septiembre de 2008 en el ciclismo con la sorpresiva vuelta de Lance Armstrong, el único hombre capaz de ganar el Tour de Francia en siete ocasiones.
El caso es que el texano se había dedicado durante los tres años de su retiro a construir su papel de celebridad solidaria y figura de superación que inspiraba a los enfermos. Se entrevistó con el presidente George W. Bush, corrió el maratón de Nueva York en menos de tres horas y paseó su noviazgo con la cantante Sheryl Crow mientras la generación de Alberto Contador y Andy Schleck ocupaba su lugar.
Paradójicamente la popularidad de Armstrong creció de manera exponencial durante este período porque el norteamericano dispuso de tiempo para salir de su rancho y pregonar al mundo su palabra. Reservó su montura para eventos benéficos y de promoción, recuperó su gusto por el triatlón y la cerveza y compartió sus peculiares entrenamientos con destacados deportistas como el británico Jenson Button.
Después de tres años de vuelta al mundo solidaria le mordió el gusanillo de los retos, el mayor aliciente para un tipo en busca permanente de desafíos. Porque en las carreteras le esperaban nuevos rivales y numerosos escépticos con su nivel. Por un lado, Alberto Contador, el número 1 de la competición iba a ser su compañero y rival. Por el otro, las acusaciones de dopaje se reactivaron apoyadas por las sanciones a Jan Ullrich e Ivan Basso, sus compañeros de podio en las últimas ediciones del Tour.
Un Lance inesperado
Armstrong quería responder a todos, pero rompió con todas las previsiones. El hombre afilado y hosco que había mandado con rango dictatorial tornó en un amable 'cuentabatallas' que firmaba autógrafos entre los más jóvenes del pelotón. “Sé que en los viejos tiempos me temían y quizás ahora me respetan”, explicaba. Sin embargo, el vaquero avasallador había perdido el toque para dominar sus monturas y sus titubeos acabaron en la gravilla de una carretera de Palencia. Así afrontó su primera grave lesión al romperse la clavícula poco antes del verano y dispuso de una excusa para un rendimiento bajo en el Tour.
En realidad se sumaba como otro reto a su figura. Mantuvo su exhibición pública de sus rutinas y pensamientos y coronó sus hazañas con un sobresaliente tercer puesto en Francia para un tipo que había estado tres años sin competir. El viejo Lance había triunfado en su misión de vuelta y se permitió excitar el avispero con varios disparos de advertencia al ganador, Alberto Contador: “Hey pistolero. Te queda mucho por aprender”, desembuchó a lo John Wayne.
Aquella hostilidad marcó gran parte del año y supuso una trato diferente para Armstrong, a quien Jan Ullrich, Joseba Beloki o Ivan Basso respetaron y aplaudieron en sus días de gloria. El americano formó un nuevo equipo (el RadioShack) y la mayoría de los compañeros dejaron a Contador para marcharse con el líder que mejor ha sabido ganarse a sus colaboradores en los últimos tiempos. Porque Armstrong siempre trabajó su relación con sus gregarios, a los que mimaba y premiaba por sus ayudas hasta añadir suplementos económicos si alcanzaba el éxito.
La sombra del dopaje
Fue precisamente un excompañero descontento quien acabaría con los días de vino y rosas de la resurrección de Armstrong. Floyd Landis, camarada en la vida y escudero durante miles de kilómetros en las filas del US Postal, perdió el Tour de 2006 por dopaje, su esposa le abandonó y protestó pregonando al mundo los engaños de la bicicleta. Landis reventó el presunto pacto de silencio con Lance y enumeró de manera detallada las supuestas prácticas de dopaje del héroe nacional. Las nuevas acusaciones se basaban en sus numerosas horas compartidas y en sus tareas dentro del presunto sistema de dopaje que había organizado en el equipo.
Las revelaciones de Landis martillearon de nuevo la reputación de Armstrong y derivaron en una investigación de la Oficina Federal de Investigación norteamericana (FBI). “¿Sienten los americanos que este es buen uso para sus impuestos? Ellos deciden. Tenemos una investigación legítima, creíble y justa y seremos felices por cooperar, pero no voy a participar en ninguna caza de brujas. He hecho demasiadas cosas buenas por mucha gente”, respondió el norteamericano antes de dejar la cuestión en manos de sus abogados.
Así, el ciclista del RadioShack comenzó su última temporada con un nuevo frente. Recuperó al Lance severo y desafiante ante las nuevas presiones. En las carreteras alcanzó un segundo puesto en el Tour de Suiza y un tercero en el de Luxemburgo en las semanas previas al de Francia, pero esta vez su rendimiento cayó hasta el puesto 23 cuando llegó a los Campos Elíseos de París.
Adiós agridulce
Ante un segundo año decepcionante y una investigación en marcha por delitos federales (a las acusaciones de dopaje se añadía el empleo de los fondos públicos del US Postal para el tráfico de sustancias) decidió que serían sus abogados los que responderían.
En su ocaso marcó el Tour Down Under, una prueba emergente en Australia, como el final de su carrera profesional. Pero en Adelaida volvieron los fantasmas y la tinieblas. Mientras prolongaba sus eventos y recaudaciones en su lucha contra el cáncer sobrevino un estallido procedente de la reputada revista estadounidense ‘Sports Illustrated’. Un reportaje de investigación de la misma publicación que le nombró el deportista del año en 2002 detallaba una larga lista de acciones dopantes y tráfico de sustancias, insistía en su relación con el doctor Michele Ferrari (envuelto en casos de supuesto dopaje) y recuperaba las acusaciones vertidas en los dos últimos años. El tejano encajaba el primer trueno desde su país y la denuncia más dañina desde que L’Equipe reveló el hallazgo de restos de EPO en muestras almacenadas durante su primera época.
Armstrong rugió porque empañaba sus últimos días. “Es bueno escuchar que la Agencia Anti-Doping estadounidense investiga algunas de las alegaciones de Sports Illustrated. Espero defenderme”, ironizó desde Adelaida antes de su homenaje con 2.200 seguidores. Deseaba una despedida con fuegos artificiales como los de 4 julio pero se ha nublado con la primera visión de un proceso que puede acabar con él en prisión. Mal escenario para despedir a una leyenda de las dos ruedas cuya última etapa se decidirá fuera de las carreteras.
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