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Principios elásticos

En función de un hipotético pacto con los sindicatos, Zapatero está dispuesto a tirar del muestrario y tragarse sus principios

Día 20/01/2011
NO podía esperar Groucho Marx que una de sus más jocundas expresiones —«Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros»— pasaría a ser el lema de conducta de una buena parte de los políticos españoles en activo. Como acabamos de ver en el Senado, en función de la reacción en contra de la traducción simultánea entre los distintos idiomas españoles, lo censurable está en un gasto innecesario, en un despilfarro ofensivo en tiempos de crisis y paro; pero pocas han sido las voces hostiles a tal despropósito por las razones lógicas y constitucionales que son del caso. Es decir, que si estuviéramos en época de vacas gordas no sería escandaloso que un gallego y un catalán no se entendieran entre sí hablando castellano. Los principios, ese estrecho carril que delimitan la razón y la ética, no cuentan.
Esa obscena mutabilidad de los principios y los supuestos ideológicos brilla allí donde se mire. En función de la crisis y de un hipotético pacto con los sindicatos, José Luis Rodríguez Zapatero, que se hizo famoso como paladín de lo antinuclear, está dispuesto a tirar del muestrario y, tras tragarse sus principios, buscar una muestra de sensatez a favor de la energía nuclear y su producción en España. ¿Solo porque ya no es sostenible el delirio termosolar y otras insensateces productivas que, además de amenazarnos con la ducha de agua fría, encarecen sin sentido ni ventajas la producción energética?
En Andalucía, en la dadivosa corte de José Antonio Griñán, la Junta entiende que es «innecesaria» la apertura de un expediente al ex presidente Manuel Chaves por no haberse inhibido en la concesión de una voluminosa subvención a la empresa Matsa, en la que trabaja su hija, como ordenó el Tribunal Superior de Justicia andaluz. Lejos de cumplir con un precepto democrático, como el acatamiento y ejecución de las resoluciones judiciales, entiende Griñán, en uso de la condición intercambiable de los supuestos morales, que la culpa de todo la tiene el PP por haber denunciado a la hija de Chaves, a su empresa y al innecesario vicepresidente del Gobierno.
Y así sucesivamente, Artur Mas protesta por el agujero oculto que José Montilla dejó en las cuentas de la Generalitat; pero, en uso de los principios de goma, no le lleva ante los tribunales. Hasta el Financial Times, que es periódico más que centenario y solvente, piensa que Zapatero, ya en el curso de su segunda legislatura —y última, suponen—, «es el único que puede acometer las reformas que España necesita». Cuentan los colegas ingleses con la capacidad mutante del líder socialista, pero ignoran hasta dónde llega su incapacidad fáctica.
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