Sociedad

Sociedad

John de Zulueta Greenebaum «Mi madre rescató las cartas de Besteiro en prisión y las publicó»

«Mi abuelo, Luis de Zulueta, salió de embajador de la República ante la Santa Sede camino del exilio. Con él compartí mi infancia y habitación en Nueva York»«Mi madre, Carmen de Zulueta, murió el año pasado y al volver de su entierro en EE.UU. vimos sus memorias “Mi vida en España 1916-1936” en el correo, metidas en un“pendrive”»

Día 19/01/2011
El libro póstumo de su madre, Carmen de Zulueta, «Mi vida en España 1916-1936» (Plataforma), le vuelve la mirada a su historia.
-Murió el año pasado en Nueva York tras una caída en la que se golpeó la cabeza. Tenía 93 años. Unos días antes me había llamado para que le ayudara a publicar el libro. Cuando mi mujer y yo volvimos de su entierro a España, estaban en el correo el CD y un «pendrive» con sus memorias.
-¿Quién fue Carmen de Zulueta?
-Una hispanista con el krausismo grabado a fuego que huyó del materialismo porque la vida intelectual era lo importante. Escritora y profesora, primera doctora de Colombia, inculcó el amor por la literatura española primero a los judíos del City College, y luego a negros e hispanos del Lehman College, del Bronx.
-También fue la hija de Luis de Zulueta, diputado, ministro de Estado de la República y embajador.
-Pasé mi infancia en Nueva York compartiendo cuarto con mi abuelo. Dos camas y una mesa donde él escribía sus artículos para el «Tiempo» de Bogotá. Él hablaba francés y alemán, y yo inglés y portugués, porque viví en Brasil hasta el 57, donde mi padre, un visionario, atisbó una economía emergente. Mi abuelo, exilado en Colombia hasta el 59, me enseñó español.
-Tuvo que salir de la embajada en Roma camino del exilio, pero antes fue embajador en Alemania.
-Tengo sus fotos con Hindenburg y otros alemanes brazo en alto, menos él, en torno a una mesa. Es la imagen terrorífica de lo que iba a venir con Hitler.
-Conmovedor el abrazo de Marquina y su abuelo en Bogotá. Era 1946. Uno representaba a Franco; otro, el exilio. Su madre lo rememora.
-¡Tenían una amistad tremenda! Luego, cuando Marquina muere en Nueva York, diría: «Eduardo ha venido a despedirse de mí». Mi abuelo tenía nostalgia de España, pero mandaba a otros a verla y nos financió un viaje a mi hermana, a mi madre y a mí en 1961. Él siempre habló mal de la República en el exilio. Decía: «Tuvimos nuestra oportunidad y pasó».
-Carmen también fue la editora de las cartas de Julián Besteiro, su «tío Bugán», desde la cárcel.
-En Madrid quedaron tía Dolores, la viuda de Besteiro, y tía Mercedes, que la cuidó siempre. Dolores sufrió un ictus cerebral, pero vivió así hasta los 90 años. Un día Mercedes sacó de un cajón todas las cartas de Besteiro y mi madre dijo: «Aquí hay un libro». Luego, en Nueva York, hizo lo mismo con las cartas entre Unamuno, consejero de mi abuelo, y Luis de Zulueta.
-A su tía Dolores la entierran junto a Besteiro en el cementerio civil con un crucifijo. Lo contó Jordi Maragall en un artículo, y su madre lo escribe ahora.
-Sí, sí... Mi abuelo al final también pidió un cura y la extremaunción, y mi madre en sus últimos años iba a misa. Supongo que es normal que la gente cuando se acerca a la muerte vuelva a lo espiritual de su vida.
-Besteiro acabó abandonado por los suyos.
-Pero aún se le recuerda en Madrid. Hace años Álvarez del Manzano me enseñó su busto en la Casa de la Villa. Con los socialistas tuvo sus más y sus menos. Todo degeneró desde el inicio de la II República hasta el final. Besteiro fue dos veces a prisión: con Primo de Rivera por una huelga —mi madre de pequeña aprendió a decir ¡viva la huelga!—, y luego a la cárcel de Carmona, con Franco, donde sufrió un maltrato demencial en una celda donde no cabía ni de pie.
-Dice usted que todo degeneró, pero el recuerdo de su madre es gozoso y feliz hasta el 36.
-La alegría de los primeros días de la República. Mi madre tiene una idea enfocada en la educación, la Institución Libre de Enseñanza, las Misiones Pedagógicas y sus veranos en San Vicente de la Barquera.
-Forjada en la adversidad, ¿cómo vivió que una garrapata le dejara a usted parapléjico hace 10 años?
-Mi madre negaba muchas cosas, y la enfermedad y la vejez eran algo a evitar. Quiso creer que me curaría.
-A usted que está en el ajo, no me voy sin preguntarle si al fin nos recortarán en Sanidad.
-La salud es un bien irrenunciable y su financiación pública en Europa no tiene marcha atrás, pero habrá recortes y copago. Es imposible dar tanto.
BLANCA
TORQUEMADA
ANTONIO
ASTORGA
.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
Consulta toda la programación de TV programacion de TV La Guía TV

Comentarios:

Sigue ABC.es en...

ABC Salud

Averiguan cómo los hijos heredan la ansiedad de sus padres

La clave está en un circuito cerebral hiperactivado desde la infancia que potencia el riesgo genético

El tiempo...

Últimos vídeos

El FBI libera a 105 menores víctimas de explotación...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.