Toledo

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Fiestas de invierno con ritos ancestrales

Con ceremonias paganas ligadas a la fertilidad celebran San Sebastián en Malpica, Santa Ana y Los Navalucillos

Día 16/01/2011
En Malpica de Tajo, Santa Ana de Pusa y Los Navalucillos mantienen ritos arcaicos, anteriores al cristianismo y ligados a la fertilidad y la llamada al resurgir de la naturaleza. Los investigadores Consolación González, Miguel Méndez y Julio Porres han explicado algunas peculiaridades de estas fiestas de invierno ligadas a San Sebastián (20 de enero) en Belvís de la Jara, Madridejos y Montesclaros y especialmente singulares en Malpica de Tajo («morraches»), Santa Ana de Pusa («perros») y Los Navalucillos («marraches»).
González sostiene que teniendo en cuenta el número de celebraciones, su importancia en la vida de la comunidad y la participación de los vecinos, las más «interesantes» de cuantas hay en el calendario anual, por sus «elementos únicos», son las de invierno, a su vez las que más han desaparecido.
Por contra, primavera y verano son estaciones repletas de fiestas que tienen gran similitud entre ellas pero menos rasgos propios; y otoño es una época con menos festejos populares. Veinte años atrás la fiesta de los «morraches» de Malpica de Tajo había decaido pero hoy se encuentra en pleno auge y son «morraches» no solamente los quintos sino muchos otros vecinos, mujeres y niños incluidos.
Los «morraches» visten un traje multicolor, a modo de arlequín, cuelgan a su espalda varios cencerros que suenan ruidosamente, se cubren el rostro con una careta y un capuchón y arrastran una larga porra. Desde el 6 de enero, como cada año, los «morraches» acuden al caer la tarde a la ermita para rezar a San Sebastián.
Los días centrales de la fiesta, del 19 al 22, estos personajes recorren las calles «asustando» a sus vecinos y simulando su voz y su figura para no ser reconocidos. En Malpica todos saben, desde muy pequeños, que está «rigurosamente prohibido» quitarles la careta y descubrirlos.
En Los Navalucillos, los «marraches» también visten un traje grotesco, salen en grupos, con uno de ellos que hace de «vaquilla», e intentan tiznar a las jóvenes al pasar delante de las hogueras. Y en Santa Ana de Pusa se conservan los «perros», jóvenes vestidos con pieles de animales y con el rostro y las manos pintados de negro. Su objetivo, «mear» a las chicas con la bota llena de agua que llevan.
«Son rituales arcaicos de fertilidad que hunden sus raíces antes del cristianismo», asegura Miguel Méndez, y que se traducen en una llamada a la naturaleza para que reviva después de los fríos del invierno. También son un rito de paso a la edad madura, motivo por el cual siempre han sido los quintos los que encarnaban a «morraches», «perros» y «marraches» y tenían diversos privilegios en los días de fiesta. Estas fiestas están vinculadas a San Sebastián y ligadas a su protección para librarse de la peste medieval que asoló a la población, tienen en común símbolos como el fuego protector de las hogueras. Otra fiesta que mantiene elementos comunes en vestimentas y luminarias es San Pablo (25 de enero), que en San Pablo de Los Montes es una celebración de interés turístico regional en la que los quintos vestidos de vaca simulan «cornear» al visitante.
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