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Columnas / AD LIBITUM

Los escribanos de ETA

El comunicado resulta inadmisible en su contenido, que, de hecho, se anula a sí mismo en su último párrafo

Día 11/01/2011
LA Guardia Civil y la Ertzainza lo habían desaconsejado; pero el magistrado de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, sucesor a estos efectos de Baltasar Garzón, autorizó el pasado sábado una manifestación en Bilbao a la que asistió un alto número de simpatizantes con el separatismo vasco y, más todavía, con Batasuna y su familia, ETA incluida. De hecho, el contenido principal de la marcha ciudadana residió en el amoroso recuerdo de los presos de etarras que se distribuyen por distintos penales españoles. En consecuencia, era de esperar la declaración que ayer circuló por los medios con la oferta unilateral y edulcorada de un alto el fuego «permanente, general y verificable» que, se supone, amplía el del pasado septiembre.
ETA y sus escribanos manejan la técnica del comunicado, ese modo unidireccional del mensaje que, a pesar de su contenido inequívocamente propagandístico, no pasa por la caja de los medios informativos al uso. El comunicado, en general, no compromete en mucho a su emisor y, cuando éste es una banda armada con claros antecedentes asesinos, su fiabilidad tiende a cero. Suponiendo, como parece, que sus redactores han sido Irache Sorozábal y David Pla, dos clásicos de la «lucha armada», ¿quién puede asegurar que coinciden con ellos todos los demás?
El comunicado resulta, como siempre, inadmisible en su contenido que, de hecho, se anula a sí mismo en su último párrafo: «ETA no cejará (...) en su lucha (...) hasta alcanzar una verdadera situación democrática en Euskal Herria». La pretensión de que Francia y España, simultáneamente, abdiquen de su territorio y su dignidad nacional es una aspiración de tan insensato calibre que demuestra el afán pirotécnico del texto. En democracia las aspiraciones políticas cursan de modo diferente.
El Gobierno, y muy especialmente el vicepresidente con aromas sucesorios, confiaba en un «alto el fuego» que, a falta de mejores argumentos, justificara algún fruto alcanzado durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero; pero el comunicado —«el reconocimiento de Euskal Herria y su derecho a decidir»— anula las esperanzas que hubiera podido alimentar Alfredo Pérez Rubalcaba. La manifestación bilbaína del sábado, solo bien vista por la Policía Nacional, sitúa en un escenario muy concreto la ensoñación de una paz definitiva con ETA, algo inalcanzable con quien vive de la pistola y la extorsión a menos que la oferta incluya empleo y sueldo vitalicios a tan sanguinarios abertzales. Baldomero Espartero les ofreció algo así a los oficiales carlistas, pero no eran asesinos de tiro en la nuca. Hay clases también entre los secesionistas.
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