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Columnas / FUERA DE MICRÓFONO

Este hombre

No, es sólo una idea: que mi país funcione. Muchos, que ya no creen en nada, lo esperan. Como si fuera la última vez

Día 10/01/2011
PERTENEZCO a ese grupo de españoles descreídos pero muy despiertos que no esperamos nada de la política, y menos de sus actores. Pertenezco a ese montón que cree que es posible vivir sin encuestas, y que los grandes diarios, ayer ABC y El País, podrían ahorrarse el dinero que cuestan y, por decir algo, gastarlo en un buen reportaje, un género costoso y cada vez menos presente en los papeles. Pertenezco también a ese reducidísimo apartado de ciudadanos que no tienen inconveniente en cambiar el voto, si es que votan, y de opción política, si es que hay diferencias entre unos y otros. Como no soy una mula percibo que las cosas cambian y las personas también. Estoy en ese colectivo al que ya no engañan a base de dosis de ideología: aquí los conservadores, aquí los progresistas. Les invito a que lean la letra pequeña de la reforma laboral y encuentren algo que pueda ser considerado progresista. En fin, que estoy en un colectivo en el que se perfila la idea de que lo que importa es que nuestro país funcione. Esa idea, —que España funcione, decían los socialistas en los ochenta—, debería animarnos a tomar decisiones; ese impulso debería dominar nuestra instinto de animales políticos cada vez que tenemos una papeleta en las manos.
Hoy da igual que la distancia entre el PP y el PSOE sea escandalosa. Los que salimos y entramos, los que ponemos el oído en las calles y cafeterías, en los mercados y en la cola del pan sabemos que los ciudadanos no necesitan a un sociólogo que les diga lo que hay. Una gran mayoría desprecia a Zapatero; no lo considera. Si usted afina un poco el oído caerá en la cuenta de que ya no se le llama Zapatero, ni presidente; ahora el personal se dirige a él sin nombrarlo bajo la fórmula muy elocuente de este hombre. ¿Cuándo se irá este hombre, cuánto va a durar este hombre, qué piensa este hombre? Cuando los ciudadanos cambian tu nombre por un pronombre es que ya no tienes nada que hacer. Y eso es lo que dicen las encuestas de ayer.
Ahora es Rajoy el hombre de Estado, el que despega y convence. Antes lo fue Zapatero, aunque aquello duró poco. Más decepciones no caben. No sé si Rajoy se cree las encuestas, y si encuentra en ellas argumentos para la inacción. Sé que no faltan los que le sugieren: Mariano no te desmarques, que la pelota entra sola. Rajoy debe saber que los sondeos más favorables también los carga el adversario, que no siempre se parece al diablo. Me conformaría con que pensara que cuando le llegue su oportunidad recuerde el día en que al que ahora llaman este hombre le decían eso de no nos falles, no nos falles. ¿Ideología? No, es sólo una idea: que mi país funcione. Muchos, que ya no creen en nada, lo esperan. Como si fuera la última vez.
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