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Columnas / UNA RAYA EN EL AGUA

Retrato de una hecatombe

El segundo paso de un vuelco político es la consolidación de la idea de que la oposición va a ganar las elecciones

Día 09/01/2011
SI el primer paso de un vuelco político es la continuada tendencia del desplome del Gobierno entre la opinión pública durante un lapso significativo de tiempo, el segundo lo constituye la consolidación de la idea de que la oposición va a ganar las elecciones. Consumada desde hace casi un año la caída vertical del zapaterismo, en las encuestas aparece ya con nitidez la aceptación general, incluso entre muchos votantes socialistas, de la próxima victoria de Rajoy. La que hoy publica ABC incluye además dos datos demoledores para el presidente: por un lado aparece por primera vez peor valorado que el líder de la oposición, lo que derrumba la última de sus expectativas; por otro, sólo el 53 por ciento de quienes le apoyaron en 2008 creen aún que es mejor gobernante que su adversario. Eso ya no es sólo la fotografía de un relevo inminente: es el retrato de una debâcle.
Hasta ahora, Zapatero ha venido sosteniendo que el escaso entusiasmo que despierta Rajoy constituía su mejor activo incluso en los peores momentos de popularidad, pero esa coartada también se ha acabado. Es más: se ha invertido. A día de hoy, el jefe del Gobierno representa la mejor baza para su rival, el factor principal de la enorme brecha que separa al Partido Popular del PSOE y le conduce hacia una mayoría absoluta. Aunque el trasvase de voto entre los dos grandes partidos sigue siendo relativamente escaso —una constante sociológica en España—, más de la mitad de los votantes socialistas se sienten indecisos o inclinados a huir hacia la abstención como consecuencia de su desencanto respecto al presidente, valorado mucho peor que la mitad de sus ministros. Teniendo en cuenta el nivel objetivo de competencia del Gabinete, se trata de una apreciación devastadora. En este estado de cosas, Rajoy debería incluso modular su estrategia para darle un cierto respiro a quien le garantiza la victoria.
Enfrente, el desgastadísimo Gobierno tiene a un partido sólido —el PP mantiene el 84 por 100 de su respaldo y crece en estimación nueva—con un líder que supera ya a Zapatero aunque su valoración global no sea para tirar cohetes. Y se ha extendido la aceptación del relevo con un carácter casi inevitable. La distancia se estrechará al final con toda probabilidad, pero perder 18 puntos de ventaja en quince meses sería un desastre político superior incluso al brusco descenso del británico Cameron. Improbable hasta para un líder tan gélido como el del PP.
Claro que la patente aceptación de Rubalcaba podría originar en el electorado cambios de percepción relevantes. Si el candidato socialista no fuese Zapatero —incluso aunque tampoco lo fuese su valido— estas encuestas podrían no servir para nada. Pero si ese relevo se demora, ningún otro dirigente socialista podrá hacer otra cosa que minimizar la derrota. Y en ese caso lo que no serviría para nada sería la operación de recambio.
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