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El caso Álvarez-Cascos

Cascos, que va por libre con sus maneras, se queda fuera y Cospedal, que va por la calzada interior, se sale con la suya

Día 09/01/2011
Como todo tiene un lado divertido, el del «caso Cascos» es el modo en que explicaron algunos portavoces del PP la patada en el trasero a su antiguo secretario general. Mientras unos se preparaban para el cotillón de Nochevieja, el Comité Electoral decidió dejar en la cuneta a Francisco Álvarez-Cascos, como si no quiere la cosa, «para no dividir al partido». No deja de resultar gracioso que luego el candidato a candidato se dé de baja, anuncie la posibilidad de presentarse por su cuenta, algunos militantes le sigan, otros se enfaden, el nerviosismo aflore, se repita la murga en las sedes del partido de que siempre hacen mal las cosas y se ponga en duda que la derecha pueda gobernar en Asturias tras las elecciones autonómicas. Para lograr la paz no está mal, incluida la gracia de que sea Gallardón, que amagó con lo mismo, el que pida a Cascos que se quede en casa, que ya le buscarán un hueco, que el partido es lo fundamental y la salvación.
Mi ingenuidad no alcanza a pensar que a los dirigentes del PP les haya cogido por sorpresa la tormenta aunque sí habría esperado que, siendo quien es el descartado, Rajoy hubiera hablado antes con él. Y no para explicarle qué significa eso de no dividir al partido porque el asunto tiene mala explicación sin esas dosis de cinismo que no casan bien con tanto pasado compartido. No dividir al partido, con el modo en que se gobierna la organización, es no molestar a la secretaria general y sus aliados. El poder del aparato queda bien dibujado con este episodio: Cascos, que va por libre con sus maneras, se queda fuera y Cospedal, que va por la calzada interior, se sale con la suya. Hay que estar en el meollo de las cosas para poder tener dos cargos en el partido, dos actas parlamentarias, presentarse a las elecciones con familia y equipo propios y hasta con candidato en Asturias para el futuro de Caja Castilla-La Mancha. Hay que estar en el aparato para que nadie te tosa. Cascos debía la inutilidad metafísica de ser solo militante.
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