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Columnas / AD LIBITUM

Chivatos y acusicas

Por malo que sea el tabaco, que lo es, peor sería convertir a los españoles en unpueblo de delatores

Día 05/01/2011
¿TIENE límites la obligación ciudadana de denunciar los hechos ilegales de que pudiéramos tener conocimiento? No cabe duda, Dios no lo quiera, que si somos testigos de un homicidio o cualquier otro delito grave debemos correr y darle cuenta de ello al juez y a la policía. Otra cosa, más insensata y por ello menos unánime, es la pretensión de Leire Pajín de que nos convirtamos, en aras de una hipótesis de salud, en delatores de nuestros vecinos fumadores. En el colegio, hace mil años, cuando estudiábamos lo que entonces se llamaba elemental y hoy es primaria, todos los niños cantábamos a coro: «Chivato, acusica, la rabia te pica...». Las cumbres del poder deben producirle vértigo a quienes las escalan porque la titular de Sanidad, sin llegar a ser uno de los grandes cráneos españoles, como diría Max Estrella, es persona que tiene acreditados sus excesos devotos, pero no sus escaseces a la hora de pensar. Por malo que sea el tabaco, que lo es, peor sería convertir a los españoles en un pueblo de delatores. Se empieza, y nuestra historia reciente lo acredita, estimulando a los soplones en bien de la Nación y se termina retribuyéndoles y poniéndoles en nómina.
La Ley Antitabaco, recta en su intención y torpe en su aplicación, es una gran chapuza legislativa que acredita la endeblez oportunista de un Parlamento más atento a lo accesorio que a lo fundamental. No se puede fumar en un bar en el que se puede adquirir cualquier marca de cigarrillos mientras los menores de edad y los pensionistas desesperados tratan de mejorar su destino gastándose lo que no tienen en una máquina tragaperras que, de vez en cuando, les anima con unas moneditas de señuelo a seguir puliéndose la paga semanal o la pensión completa. Es un ejercicio de cinismo y propaganda, amalgamado por la oportunidad, que repugna al espectador menos crítico.
A mayor abundamiento, Facua, una de esas ONG's que han profesionalizado su entrega a los demás y que se dice protectora del consumidor mientras denosta el consumo, trata de encauzar el mandato de Pajín para que cundan los acusicas. Incluso quienes estamos a favor de la general de esa ley, no de sus detalles y excesos, quienes creemos, por experiencia propia, que fumar perjudica la salud tenemos que poner pies en pared ante este nuevo intento de tan notable socialista de recrear las comisarías de barrio y residencia que fueron, moralmente, uno de los peores frutos de la Guerra Civil en ambos bandos. La caza del emboscado ideológico se sustituye en la voluntad del Gobierno por la persecución al fumador empedernido y al tabernero tolerante. No progresamos adecuadamente.
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