Cataluña

Cataluña / LOS MARTES, TOROS

Adiós, Ricardo

Ricardo Vázquez-Prada tenía la curiosidad insaciable del reportero, era un ilustrado a la manera del siglo XIX, solidario siempre

Día 04/01/2011 - 09.59h
Nos ha dejado Ricardo Vázquez-Prada, barcelonés. Aquí se formó, en su universidad se forjó y en La Vanguardia y la Hoja del Lunes de Barcelona dio los primeros pasos en su pasión por el periodismo. Después voló a tierras aragonesas y fue durante más de treinta años crítico taurino de Heraldo de Aragón, en donde asumió otras importantes responsabilidades al frente de secciones como Internacional y Opinión. Presidente de la Asociación de la Prensa y de la Asociación de Informadores Taurinos de Aragón, autor de varias novelas, escritor impenitente. Hasta ahí los datos fríos sobre su actividad profesional que ya dicen mucho de lo que fue. Ricardo tenía la curiosidad insaciable del reportero, era un ilustrado a la manera del siglo XIX, solidario siempre.
Fue también corresponsal de ABC durante los años setenta, y tiempo después, cuando este periódico sufrió la mordaza informativa por parte del entonces presidente del Gobierno de Aragón, José Marco; no dudó en enarbolar la bandera de la libertad de expresión y denunciar la injusticia y el abuso de poder desde su puesto al frente de los periodistas aragoneses. Tuve la suerte de compartir con él vivencias inolvidables cuando asumimos responsabilidades en la Asociación de críticos taurinos. Recuerdo la recuperación de la Corrida de la Prensa en Zaragoza en 1993. Nos fuimos para Sevilla una delegación de la Asociación, que completaban Manolo Moreno y Javier Valero, para dar el visto bueno a la corrida que había elegido la empresa para el festejo en el que tomó la alternativa el aragonés Ricardo Aguín «El Molinero».
Nos enseñaron los toros reseñados, vuelta arriba por el campo, vuelta para abajo. Nadie dijo nada, ni Vázquez-Prada como presidente ni el resto. Ni pío sobre lo que nos habían mostrado. Tampoco nos preguntaron. Qué cara nos vieron que al día siguiente cuando volvimos a Zaragoza ya habían cambiado entera la corrida. ¡Cuántos recuerdos! ¡Cuántas ferias compartidas! Y aquellas noches de asamblea que comenzaban con un reglamentado y circunspecto orden del día y acabábamos toreando de salón a las tantas de la madrugada tras entonar canciones de Brassens.
Me pidió que prologara la reedición de «Tres de cuadrilla» que nos trasladó a tiempos pasados, a «ese mundo casi subterráneo de capeas, de cercados, de duro aprendizaje, de lazos de amistad tan hondos como sinceros, de pillos y de hombría». Y aún tuve el placer de presentar su novela «Los inocentes de Ginel» en un emotivo acto en el Centro Aragonés de la calle Joaquin Costa.
En la pasada Feria del Pilar ya le echamos de menos en el tendido de La Misericordia y en la pasada Nochebuena Ricardo hizo sonar un último acorde en su guitarra y acarició como en una despedida las teclas de su ordenador.
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