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Columnas / AD LIBITUM

¡Feliz año viejo!

No había visto unas campanadas tan desvaídas y ñoñas, por el generalizado tono mustio de la noche

Día 02/01/2011
LA primera vez que TVE transmitió las campanadas del reloj de la Puerta del Sol de Madrid fue en 1962. La «información» se sirvió dentro de un telediario que, de esmoquin y con una copa de cava sobre la mesa, presentó Jesús Álvarez, el padre del hoy acostumbrado y brillante informador deportivo. La realización la hizo personalmente el director de informativos, José de las Casas. Desde entonces —yo estaba allí— no había visto unas campanadas de fin de año tan desvaídas y ñoñas. No por sus presentadores, admirables en todas las cadenas; sino por el generalizado tono mustio que presidió la noche. Supongo que se trata de la pesadumbre que proporcionan las grandes crisis y la tristeza que genera saber que no muy lejos de cada uno de nosotros está un parado que, lo más probable, tampoco encuentre empleo en el recién nacido 2011.
Por decirlo de un modo más sintético, 2011 empieza como terminó 2010, pero sin tabaco. Alguien, como Leslie William en Aterriza como puedas, la película que creó un género cinematográfico, debiera decir: «Elegí un mal momento —día en el original— para dejar de fumar». No es cosa de amargarnos el primer domingo del año con pronósticos oscuros; pero, en aras de la obligada actualidad, resulta forzado señalar que en el mutis del año que ya se fue coincidieron las manías de grandeza de José Luis Rodríguez Zapateo, presuntuoso ante millones de parados de los grandes avances sociales alcanzados durante su mandato, y las cautelas de Mariano Rajoy que, por sí o por persona interpuesta, le cerró el paso del retorno a la política activa a Francisco Álvarez-Cáscos. Del mismo modo que la madrastra de Blancanieves le preguntaba a su espejito mágico, dispuesta a no tolerarlo, si alguien más bella que ella pisaba sobre la faz de la tierra, Rajoy parece inquirirle a Pedro Arriola si algún militante del PP está en condiciones de darle sombra o de mermar su poder y, si lo hubiere, no tarda en apartarlo. En eso coinciden plenamente el líder decadente y su alternativa ascendente.
Distinto es el caso de Artur Mas, que, independientemente de cuales sean sus frutos en los próximos cuatro años, ha sabido rodearse de un equipo de verdaderos notables. Ya quisiéramos a su consejero de Economía, Andreu Mas-Colell, en el lugar de Elena Salgado e, incluso, para que se note que es de derechas, ha nombrado a un hombre de izquierdas, Ferran Mascarell, para responsabilizarle de Cultura. Así es la derecha y por ello sobreviven los anacronismos zurdos. Tiende a despreciar la cultura como si en ella no estuviera la médula fundamental del poder. En conclusión, ¡feliz año viejo!
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