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Columnas / AD LIBITUM

La catarsis inevitable

Rajoy, que se lo juega todo, tiene el deber de escenificar en la Cámara los errores del presidente

Día 28/12/2010
UNA prueba incontestable del alejamiento alcanzado por José Luis Rodríguez Zapatero de los miembros de su equipo de Gobierno, de los barones de su partido y, en general, de la ciudadanía y la realidad la tenemos en el hecho singular de que el secretario de Organización del PSOE se vea obligado a pedirles paciencia —¿resignación?— a los líderes territoriales. «Vamos a esperar», dice Marcelino Iglesias que, como buen profesor de ski, está preparado para el eslalon y otras maniobras de deslizamiento. Suele ser «el jefe», en el Ejército o en los negocios, en la vida política o en el deporte, quien marca el ritmo a los subordinados; pero la aparición de un escudero notable, como Iglesias, para reclamar calma y sosiego a los líderes propios cuando estamos ya en camino de un doble proceso electoral, municipal en toda España y autonómico en buena parte de ella, es una sinrazón: algo tan surrealista como una bandada de zorzales —¡qué ricos!— disparándole con escopeta al cazador y su jauría.
Visto lo conseguido por Zapatero en sus siete años de Gobierno no deja de ser una bendición el que se aleje del mundo y sus pompas. Estadísticamente, su inactividad garantiza mejores resultados que su acción diligente; pero, dada la situación nacional parece irresponsable la imagen de un Zapatero doliente y distante, aislado en sus soledades monclovitas, mientras su partido se rompe en luchas intestinas, resuenan los codazos que se propinan entre sí quienes aspiran a sucederle y la oposición —¡tampoco el congrio es mal ave!— prefiere darle patadas en la espinilla a Francisco Álvarez Cascos que disponer el orden de la acción responsable que, según la Constitución y las costumbres parlamentarias occidentales, no puede seguir excusando: una moción de censura.
Diga lo que diga Pedro Arriola, que no se juega nada, Mariano Rajoy, que se lo juega todo, tiene el deber de escenificar en la Cámara los errores del presidente y abrirle una puerta a la esperanza de los ciudadanos. Hay una cuota de responsabilidad que le corresponde al jefe de la oposición que debe, con sus intervenciones, señalar los fracasos y estimular los aciertos de quien ocupa turno de poder. La pormenorizada crítica de los errores y omisiones que nos ha llevado a la catástrofe presente y el esbozo de un programa alternativo y sólido —es decir, la moción de censura— es el único camino serio, se gane o se pierda, que puede jerarquizar a Rajoy, fortalecer el ánimo colectivo y propinarle un palmetazo solemne al lánguido Zapatero que suspira en La Moncloa, sin enseñarse demasiado, para que no se le vean las vergüenzas. Políticas, naturalmente.
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