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¿Nuevo o viejo gobierno catalán?

¿Va el nuevo gobierno catalán a aclarárnoslo? Me temo que no, que seguirá en la indefinición y el victimismo

Día 24/12/2010
CATALUÑA empieza una nueva andadura. ¿O vuelve al pujolismo? Su nuevo president no nos lo ha aclarado. Artur Mas ha anunciado tan sólo el «inicio de una transición nacional», sin concretar, aunque lo de transición recuerda la española a la democracia, y lo de nacional, que no se olvidan del nacionalismo. Afinando el oído, suena a Plan Ibarretze con otros nombres y sin ganas de asustar. Una búsqueda del soberanismo a plazos y con vaselina. A la autodeterminación se la llama «derecho a decidir». Al «estado libre asociado», «redefinir las relaciones con España». Y al concierto económico similar al vasco que venían pidiendo, «pacto fiscal», mucho más modesto. Pero ni siquiera un Zapatero contra las cuerdas puede dárselo a cambio de sus votos en el congreso, para prolongar su agonía. Ni España ni Cataluña son ya las mismas que en los tiempos de Pujol. Sin olvidar que CiU es un equilibrio inestable de nacionalismo y conservadurismo, el uno tirándole a separarse de España, el otro advirtiéndole de que sus intereses económicos sufrirían con ello. Y si las bases piden a Mas la «construcción nacional», los empresarios le advierten que Cataluña no puede construirse sin España. Una buena noticia es que se haya rodeado de ellos.
Le ayudará a gobernar una oposición desarbolada. El PSC atraviesa los momentos más bajos de su historia. Sus dos lealtades, a Cataluña y a España, que bajo Maragall y Montilla se habían decantado hacia la primera, le ha llevado al fracaso más estrepitoso y ni siquiera ha sabido resolver el problema de su liderato, dejándolo para su congreso en otoño, lo que parecer indicar que da por perdidas las municipales de primavera. De momento, lo único que ha sabido hacer es abrazarse a CiU, como un boxeador grogui, pactando desobedecer la sentencia del Constitucional sobre el español en las escuelas. Esta noticia es mala.
En ERC, cuya irresponsabilidad y extremismo le llevaron a interpretar en el tripartito el papel de gobierno y la oposición, andan hoy a bofetadas y tardarán en organizarse como partido, si se organizan.
El PPC ha sacado sus mejores resultados gracias al guirigay de los demás, pero sigue siendo un partido minoritario, que para ser decisivo tendrá que demostrar a la mayoría que se puede ser perfectamente catalán y español al mismo tiempo, lo que no parece fácil. Pues ayudar a CiU en su política nacionalista a cambio de la ayuda de CiU a un gobierno del PP en Madrid no sería avanzar sino retroceder.
El resto de los partidos, en ambos extremos del espectro político, no van a ayudar a aclarar la escena política catalana. Y es que, antes de nada, los catalanes tienen que aclararnos y aclararse sobre lo que quieren. Porque el resto de los españoles se lo hemos dicho a través de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre su nuevo estatuto: queremos una Cataluña con una amplia autonomía, que incluso si quiere llamarse nación puede hacerlo. Pero que no pretenda tratar de tú a tú al Estado, porque ése no sería un Estado de las Autonomías, sino de las Soberanías. Una quimera. O un galimatías.
¿Va el nuevo gobierno catalán a aclarárnoslo? Me temo que no, que seguirá en la indefinición y el victimismo. Aunque en tiempos de Navidad hay que creer en los milagros y nada celebraría tanto como equivocarme.
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