Cine

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Las críticas de los estrenos de la semana

La cartelera se adelanta por «motivos» navideños, pero nuestros críticos te dan las claves para elegir sin miedo a equivocarte

Día 22/12/2010 - 12.07h
Las salas de cine celebran el inicio de las fiestas navideñas con la acción histórica española de "Bruc: el desafío" y el humor de Jack Black en "Los Viajes de Gulliver", además de con la tercera entrega de la saga "Los padres de ella" y una de las favoritas para el Oscar, "El discurso del rey".
ABC
«Ahora los padres son ellos»
ABC
«Tengo algo que deciros»
ABC
«A casa por Navidad»
ABC
«Bruc. El desafío»
ABC
«Los viajes de Gulliver»
ABC
«El discruso del Rey»
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«A casa por Navidad»
POR ANTONIO WEINRICHTER
Estrenada por una vez con impecable puntualidad, y en plena temporada navideña, esta película procede de los lugares en donde Santa Claus anda preparando los renos y los ciervos tienen la nariz roja. El noruego Bent Hamer sabe lo que pasa de verdad por esos lares durante estas fechas y nos lo cuenta sin sentimentalismo ni empalagos, más bien prolongando ese estilo visual despojado y ese humor seco que han labrado su (muy relativa) fama: por poner un ejemplo, su estilo recordaría al del finlandés Kaurismäki, pero en glamoroso cinemascope. Para despistar empieza con un niño abatido por un francotirador en Sarajevo, una de las cosas menos navideñas que se nos ocurren. Luego -ésta es una obra coral cuyo entrelazado narrativo mereció el premio al mejor guión en el último certamen de San Sebastián- centra su mirada en la villa noruega de Skogli en donde hay borrachos terminales, partos prematuros, adúlteros infelices y otros personajes que no riman con el espíritu de ven a casa por Navidad, aquel anuncio del que parece tomar su título irónicamente la película. Sin embargo Hamer aprieta pero no ahoga a sus criaturas (no es Iñárritu) y el caso es que la película acaba estando en carácter pues concluye con algo parecido a una revelación de humanidad, una epifanía laica.
«El discurso del rey»
POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
Más que insistir en lo bien que viste y peina estas películas sobre su monarquía el cine británico, habría que fijar una vez más la condición ilusionista de cualquier gran cine, pues nadie como él te invita a mirar la mano que no es. “El discurso del rey” está magníficamente vestido y peinado para un grandioso número de prestidigitación: la forma y no el fondo del discurso. El director, Tom Hooper, consigue que su película traslade de una mano a otra el interés de la historia, o mejor dicho, de la Historia..., la intriga, el drama, la angustia no estará en el significado de las palabras de ese crucial discurso que pronunció Jorge VI (el padre de la actual reina de Inglaterra) ante el mundo y ante la inminente explosión de la segunda guerra mundial, sino, sencillamente, en si pudo o no decirlo sin tartamudear. El tránsito de lo esencial a lo circunstancial hecho arte. Y eso es lo que se cuenta en esta precisa y conmovedora película: se desprecia el tono amarillo de la abdicación de Eduardo VIII, el primogénito de Jorge V, a causa de su pasión y matrimonio con Wallis Simpson, mientras que se aprecia la entrega, los valores y la capacidad de superación de su hermano y sucesor, lastrado familiar y socialmente por una acentuada tartamudez... Y el espectador asiste con emoción y conmoción a ese cambio de manos: la historia del ser humano por la Historia del siglo. Colin Firth realiza un extraordinario esfuerzo para ser grande y pequeño al tiempo, lejano y cercano, y deja un turbador dibujo de la figura de un rey en medio de un paisaje desolado; el jugo de la película está en las relaciones del rey con el entorno, con un amenazador micrófono, con su propia familia, con los políticos en ese contexto prebélico, y en especial un imparable y mordaz Churchill, o con su esposa, Isabel Bowes-Lyon, a la que hemos conocido como reina madre de la actual Isabel II, y que interpreta con sorprendente humanidad -y sobriedad- Elena Bonham Carter. Pero el néctar de ese jugo, es decir, el alma de la película está en su relación con un personaje llamado Lionel Logue, una majestuosa mezcla de cantamañanas y clarividente que le ayudaba a sobreponerse a su tartamudez. Momentos de peculiar intensidad cinematográfica, en los que el drama lucha a dentelladas con la comedia. El duelo a florete interpretativo entre Colin Firth y Geoffrey Rush es de esos que garantizan la inmortalidad del cine.
«Tengo algo que deciros»
POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
Es tan cinematográfico como el desembarco de Normadía: alguien quiere soltar una noticia bomba en el centro de la mesa durante una cena familiar. El director turco pero italiano, Ferzan Ozpetek, juega con ese punto de partida con la familia Cantone, tan burguesa como provinciana y tan llena por dentro de secretos explosivos que el tono general sólo puede moverse sobre los raíles de la comedia. La gracia, no siempre fina, reside en la naturaleza de los personajes y en lo que a realidad la contradice: padre patrón, madre consentidora, abuela rebelde, hijos esquivos, frustrados y con “planes”... Las tramas y conflictos, que son de diversa índole, desde lo laboral a lo íntimo y desde lo social a lo romántico, están por completo cegados por el fulgor de la entrada en escena del “mundo gay”, lo cual le proporciona, sí, algunos colores “divertidos” pero le arrebata también ese punto preciso y elegante de la gran comedia (escenas como la del baile en la playa o las del imparable “petardeo” homo y heterosexual rebajan lógicamente el nivel). Ozpetek logra encontrar, entre lo frívolo, algunos destellos más profundos mediante la descripción de la familia y sus lazos y relaciones, más sugeridas que vistas, y desde luego da la impresión de que se deja a medio contar la historia más interesante, la de la abuela. Como es habitual en las comedias italianas, el excesivo desparpajo es el punto de partida de las interpretaciones, y que llegue hasta donde sea menester.
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