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Guillaume de Seynes «Está siendo un año estupendo: las ventas no paran de crecer»

«Para mi abuelo, Robert Dumas, que presidió la casa, un objeto de lujo era el que se podía reparar. Por eso crecemos en crisis: valor y calidad a largo plazo»«Mi tatarabuelo, el señor Hermès, se fijó en una joven vendedora de guantes y en cómo cuando se ocupaba del expositor vendían más. Aquella mujer llegó a ser la reina de París»

Día 13/12/2010
Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas, es tataranieto de Thierry Hermès, creador de la firma francesa en 1837. «Mi antepasado era un artesano al frente de un taller de arneses obsesionado por la calidad. Por ello recibió premios, participó en exposiciones internacionales, se convirtió en proveedor del emperador Napoleón III, y con talento, trabajo y calidad logró conquistar el éxito. Fue el triunfo de un desconocido en París que había llegado de Alemania. Hoy aquel empeño por la excelencia es su mejor legado».
BRUNO CLERGUE
-La crisis le sienta estupendamente: sus ventas crecen este año un 31%.
-(Se ríe) Es verdad que estamos teniendo un año estupendo, y además en todos nuestros mercados y sectores. En Asia, especialmente en China, la tasa de crecimiento es increíble, pero también crecemos en nuestros mercados más antiguos de Europa y EE.UU.
-¿Y en España?
-Muy bien, también.
-Pero hoy el lujo no se ve bien. La esposa del ex presidente de Lehman Brothers pidió paquetes en bolsas blancas para sus pasadas compras navideñas.
-Sobre ellos estaba la prensa, y su situación era complicada. Pero nosotros, más que de lujo, hablamos de calidad. Mi abuelo, Robert Dumas, que presidió Hermès, decía que un objeto de lujo es el que se puede reparar. Y es verdad que nuestros precios son altos, pero corresponden a la noción de mejor calidad posible y perdurabilidad. Por eso el consumidor los busca en la crisis: son valiosos y duran. Esto explica que en EE.UU. crezcamos un 25%.
-Pues yo conozco «lujo» a 40 euros: en España la reparación de calzado, y barato, no da abasto.
-En el grupo Hermès hay una marca de zapatos que se llama John Lobb, de factura tradicional inglesa, y que ejemplifica también lo que decía mi abuelo, porque un par cuesta un cierto dinero, pero dura veinte años, y eso es calidad a largo plazo.
-Sin embargo, ahora el lujo es «made in China».
-No en Hermès. Nuestra idea de calidad es tener a los mejores maestros, talleres y materiales. Todos los objetos de cuero se hacen en Francia, y los productos de seda se tejen e imprimen en Lyon. Solo produciríamos en China si viéramos allí una competencia excepcional, como la línea de bisutería en laca y cuerno de búfalo que hacemos en Vietnam,donde es una maestría insuperable, pero no porque busquemos precios más bajos.
-¿Y los chinos les copian mucho?
-Hay problemas de copias en bolsos, relojes y cinturones, y luchamos contra ello. Pero en su mayoría, esas copias tienen una calidad bastante diferente a nuestros productos, por lo que tampoco se engaña a los clientes que conocen nuestra casa.
-Dijo: «Si la compañía dejara de pertenecer a la familia ya no sería Hermès». Ahora el grupo LVMH de Bernald Arnault les ha hincado el diente.
-Ha entrado de manera muy repentina, pero la familia controla el 70% de la sociedad. El que los accionistas hayan sido de la familia fundadora ha hecho que la casa conserve valores diferentes y originales, de creatividad y artesanía, que le han dado una historia de 150 años y éxito económico. Hermès en LVMH u otro grupo se adulteraría y perdería esos valores.
-Gaultier les deja. ¿Huye de la popularización?
-No es cierto. Gaultier ha tenido un recorrido muy positivo de siete años en Hermès, y todos hemos estado de acuerdo en terminar esa etapa. No abarca tanto proyecto y nos interesa que se ocupe de su propia marca, de la que somos accionistas en un 45%. Lamaire, su sucesor, trabajará con el mismo enfoque, siguiendo la senda histórica de calidad y creatividad de la casa.
-¿Y usted manda por ser nieto de quien es?
-Espero que no únicamente. Llegué a Hermès con 40 años y un bagaje profesional en otras empresas. Era una alegría y un reto continuar la aventura familiar.
-Su lema en 2010 ha sido «tales to be told» (historias para ser contadas). Cuénteme una.
-¡Hay tantas! Veamos. Había una vendedora jovencita que en los años 30 vendía guantes en la casa de Faubourg Saint-Honoré. Se llamaba Annie Beaumel. Un día mi tatarabuelo, el señor Hermès, vio que cuando ella se ocupaba de la estantería lo hacía con tal talento y belleza que vendían muchos más. Entonces le pidió que se encargara de todos los escaparates e hizo del de Faubourg Saint-Honoré un escenario de culto. Durante cuarenta años fue la gran creadora de los escaparates de Hermès. Y aquella mujer modesta, de provincias, que no conocía a nadie en la capital se convirtió en la reina de París, la reina de Hermès.
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