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Hemeroteca / El proceso de burgos

El juicio más famoso en la historia de ETA

Un total de 16 etarras fueron juzgados por el asesinato de Melitón Manzanas y condenados a nueve penas de muerte, que luego fueron conmutadas por Franco por la presión interncional

Día 21/02/2011 - 17.43h
Hace hoy justo 40 años, comenzaba en Burgos uno de los juicios más famosos de la historia reciente: el Proceso de Burgos. Un total de 16 etarras acusados, entre otros delitos, por el asesinato del jefe de la Policía Melitón Manzanas, iban a ser condenados a nueve penas de muerte y más de 500 años de prisión, en un consejo de guerra que significó el declive del régimen franquista y marcó un antes y un después en la vida política del País Vasco.

«A las siete de la mañana comenzaba a formarse frente al edificio del Gobierno Militar de la VI Región la cola de personas dispuestas a asistir al Consejo de Guerra sumarísimo contra dieciséis miembros de la ETA. Ateridos por el inmenso frío iban llegando a la cola periodistas de todo el mundo, familiares de los procesados y curiosos en general», contaba ABC.

Aquel consejo de guerra, que reunió a más de 500 personas frente al edificio en su primer día, fue creciendo en expectación hasta alcanza una gran repercusión internacional. Era una época de grandes cambios en la joven ETA.

El asesinato de Melitón Manzanas –acusado por miembros de la oposición franquista por practicar torturas a los detenidos– había sido la primera ejecución planificada de la historia de la banda, dando pie a que se sucedieran otros incidentes. Las primeras manifestaciones masivas, la declaración del estado de excepción en Guipúzcoa por seis meses o el primer manifiesto popular de ETA: «Seguiremos adelante con la única forma de lucha que hoy nos es posible, por el único camino que la conciencia fascista nos ha dejado abierto; seguiremos adelante mientras el pueblo nos ayude, nos apoye y quiera que sigamos; mientras nuestro pueblo siga comprendiendo que ser vasco y ser pueblo hoy significa lucha. Lucha a muerte», decía el comunicado.

El proceso de Burgos en sí duró seis días, del 3 al 9 de diciembre de 1970, y es considerada hoy una magistral representación de la dictadura para juzgar a ETA y dar un duro ejemplo a cualquier intento de oposición a Franco.

Las penas fueron dictadas en ese sentido: Javier Izco de la Iglesia (dos penas de muerte y 27 años de cárcel), fue el sujeto principal alrededor del cual giró el juicio, pero el siempre negó que fuera el autor de los disparos; Jokin Gorostidi (dos penas de muerte y 30 años de prisión); Eduardo Uriarte (dos penas de muerte y 30 años de prisión); Javier Larena (una pena de muerte y 30 años de cárcel); José María Dorronsoro (una pena de muerte) y Mario Onaindía (una pena de muerte y 51 años de prisión). Los otros diez condenados sumaron decenas de años de prisión.

Onaindía, de ETA al PSOE

Los últimos momentos fueron los de mayor tensión, donde Onaindía –muerto en 2003 y que en 1970 contaba con solo 22 años– terminó por convertirse en uno de los grandes protagonistas del consejo de guerra.

«¿Usted se considera también en esta condición o en calidad de prisionero de guerra?», le preguntó el abogado. Y Onaindía, que años después de la muerte de Franco llegó a ser parlamentario vasco del PSOE, comenzó a levantar la voz mientras se acogía al Convenio de Ginebra para presos de guerra, gritando: «¡Gora Euskadi Askatasuna!». Levantó después los dos brazos, señalando desafiante al tribunal militar, y se dirigió hacia el estrado. Un oficial le detuvo a punta de sable, pero el resto de los procesados se levantaron, secundando los gritos contra el tribunal, y tras ellos alguien comenzó a cantar el himno vasco.

El presidente ordenó desalojar la sala mientras los encausado renunciaban, a gritos, a su defensa. El juicio había terminado.

El día de los inocentes

El 28 de diciembre, se dieron a conocer las condenas a muerte y enseguida la solidaridad internacional comenzó a escucharse. En los dos días posteriores, el Gobierno de Franco recibió presiones diplomáticas de países como Francia, Italia, Gran Bretaña, Alemania Federal, Dinamarca, Bélgica, Austria, Suecia, Noruega, Irlanda, Venezuela o Chile, además del propio Vaticano.

Las movilizaciones en todo el País Vasco se habían producido desde el inicio del juicio, e incluso se produjo una huelga general en todas las provincias de la comunidad autónoma. La respuesta de Franco, un nuevo estado de excepción en Guipúzcoa, que más tarde se extendió a todo el Estado.

La presión popular, los cientos de peticiones de clemencia (incluida la del Papa) y la campaña lanzada por la prensa internacional arrancaron finalmente el indulto a un Franco cuya imagen quedó debilitada. El proceso, concebido para a asestar un duro golpe a la banda terrorista, se convirtió finalmente en un duro golpe para el Franquismo.

El 30 de diciembre, con motivo del mensaje de fin de año, anunció: «Las clamorosas manifestaciones de adhesión a mi persona, al Ejército español y a nuestras instituciones han reforzado nuestra autoridad en tal modo que nos facilita, de acuerdo con el Consejo del Reino, el hacer uso de la prerrogativa de la gracia de indulto, pese a la gravedad de los delitos juzgados en Burgos».

Las penas de muerte fueron conmutadas por cadenas perpetuas, pero, tras la Amnistía, los procesados fueron puestos en libertad. Los caminos que siguieron después fueron muy diferentes, desde HB, pasando por el Movimiento Comunista de Euskadi o Euskadico Ezkerra hasta, como el propio Onaindía o Uriarte, el PSOE, entre otros.

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