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Las empresas se autocorrigen

Con pocas excepciones, es falso que las grandes empresas se disciplinen a sí mismas. Completamente falso

Día 02/12/2010
POR ahora España no fallará: podemos estar (casi) seguros. Tres problemas poco recordados, graves. Los dos grandes partidos, Socialista y Popular, (1) juegan a cortísimo plazo, sin preocuparse gran cosa del mañana. No estamos en una crisis financiera (2) sino en el fondo de una gran crisis. Solo una Europa unida, guiada por alemanes, franceses y nórdicos (3), podrá tirar del convoy.
España está enferma pero se recuperará. Tiene formidables piezas en su economía, sostiene el Banco de España. No debe caer en la psicosis de la tragedia. Debe pelear. Como ha hecho siempre. Hay en España un alto porcentaje de vagos. Pero los españoles dispuestos a dar la cara, a trabajar día y noche, son más. Estas no son arengas sino análisis del terreno.
Hacia 1990 el presidente de una gran compañía japonesa (1) explicaba el funcionamiento de tres células, dedicadas a la adivinación del futuro: saber qué puede pasar dentro de cinco, diez o quince años. Sony tenía entonces 90.000 empleados. «Los tres grupos, un centenar escaso de historiadores e ingenieros, fabrican cada día un informe mensual para la presidencia de la compañía. Repetimos, cinco, diez o quince años. Los tres grupos exploran y debaten sobre los marcos posibles en los que pueda encuadrarse la vida de la sociedad global. Queremos dar testimonio de nuestra pasión por lo que pueda venir».
El viernes (2) Giorgio Napolitano, presidente de la República italiana hablaba, en Roma, el Quirinal, a un grupo de españoles: hoy, en el mundo, la Unión Europea es el intento más ambicioso, tenga o no que ver en su nacimiento el sentimiento de culpa. Hemos lanzado un modelo opuesto a la idea de un ser humano exprimido como un limón y tirado luego a la basura, dijo ante un pequeño grupo en la informal charla, después de sus palabras oficiales. Esa tentativa está hoy ante una terrible dificultad. Pero la Unión sigue representando generosidad y un alto grado de sacrificio. Estados Unidos ha captado ese destello y avanza, por poco que sea, hacia su reforma sanitaria, impensable ayer.
Pedro Solbes, asistente al encuentro (3) había descrito el papel del euro en la crisis. Ha sido un buen anclaje monetario y avanzará probablemente hacia un mecanismo de rescate, hoy temporal, permanente quizá a partir de 2013. Si los mercados internacionales no compran la deuda española, otra entidad lo hará, estén seguros. Se puede entrar en el euro: pero quien pretenda salir habrá de abandonar también la Unión Europea.
Narcis Serra coincidió con el popular Iñigo Méndez de Vigo. En el mundo rico hay dos modelos frente a frente. El modelo anglosajón, dirigido por americanos y británicos, quiere que las grandes compañías privadas vivan al margen de los bancos centrales y los institutos de control. La Europa continental cree por el contrario que el estado no puede renunciar a controlar a los grandes, a través de una autoridad bancaria, central e independiente. En esta crisis, el modelo anglosajón ha saltado en pedazos. Es falso que las empresas se corrijan a sí mismas: completamente falso. Véase donde estamos hoy.
El Banco Central Europeo ha reducido más y más el margen de las decisiones opacas. En Londres el BCE no tiene autoridad: se decide un giro, a veces brusco, y no se explica. Pero desde Stuttgart, el BCE exige explicaciones. Y no hay más remedio que darlas.
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