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Hemeroteca / 10 años de su asesinato

ETA: «Ernest Lluch fue el ministro de los GAL»

Esa fue la excusa del etarra Krutxaga para pegarle dos tiros en la cabeza al profesor y ex ministro socialista, en el garaje de su casa, hace hoy diez años

Día 12/01/2011 - 13.24h
«A usted, ¿ETA le ha amenazado?», le preguntaba el periodista Marçal Sintes, en 1996, a Ernest Lluch. «Me han estado siguiendo, me han hecho todo este tipo de cosas. No quiero entrar en detalles porque es una cuestión que los que por ahora hemos salido bien librados del asunto no debemos aprovechar para hacernos los mártires. Y ahora, desde luego, tengo miedo a veces», contestó. Cuatro años después de aquella entrevista –recogida en el libro «Qué piensa Ernest Lluch» (Dèria, 2001)– regresaba tranquilamente a su casa, en la avenida de Chile de Barcelona, tras haber impartido sus clases de economía en la Universidad Central, y, tras entrar en el garaje y descender del vehículo, recibió dos balazos en la cabeza que lo mataron al instante.
EFE
Retrato policial del etarraJosé Ignacio Krutxaga Elezcano
El etarra que esperó en el garaje para dispararle, José Ignacio Krutxaga Elezcano, y sus dos compinches, Lierni Armendariz y Fernando García Jodrá, no dudaron ni un minuto a la hora de justificar el crimen durante el juicio en el que fueron condenados a 33 de prisión, dos años después: «Hoy hemos sido juzgados por la muerte de Lluch, el ministro de los GAL…, nosotros no olvidamos ni olvidaremos que Ernest Lluch fue un miembro del Estados de los GAL. Gora ETA y visca la terra».
El dirigente socialista no llevaba escolta y su cadáver quedó oculto entre dos automóviles, de modo que no fue encontrado hasta una hora y media después por un vecino. Según la delegada de Gobierno, «no tuvo tiempo ni de quitarse la americana».
Así se cerraba el triste capítulo de un asesinato del hoy se cumplen 10 años. El asesinato de Lluch, ese al que los asesinos acusaban de «miembro en el Estado de los GAL» durante la primera legislatura socialista, pero que era el profesor universitario, el escritor, el apasionado del Barça. Y también aquel estudiante expulsado de la universidad por apoyar al Sindicato Central de Estudiantes en tiempos de Franco, y el representante de alumnos de la Facultad de Economía en la lucha contra la dictadura… pero, sobre todo, uno de los más acérrimos defensores del diálogo con ETA.
«Esto es una farsa»
«Su abierta defensa del diálogo en el País vasco y sus repetidas peticiones de que no se aísle al PNV podrían haberlo convertido en la víctima perfecta para que ETA volviera a lanzar un sangriento mensaje a los nacionalistas vascos en contra del entendimiento con partidos constitucionalistas», podía leerse en ABC el 22 de noviembre de 2000.
Las justificaciones de los tres etarras durante el citado juicio de 2002 eran varias y no se atisbaba en ellas ningún tipo de arrepentimiento de su militancia terrorista: «Soy miembro de ETA, estoy orgulloso de ello y asumo todas las acciones de ETA a lo largo de su historia»; «Mientras el PSOE y el PP se dediquen a firmar pactos cuya apuesta única es la guerra tendrán su respuesta en la banda»; «Ya lo he dicho, soy militante de ETA y, por tanto, portaba una arma»; «Esto es una farsa», o «Ernest Lluch era miembro del Gobierno español que financió a los GAL e instigó y apoyó la tortura y la dispersión. Si fue objetivo de ETA fue por eso».
La tregua anunciada por la banda en septiembre de 1998 –como contrapartida al acuerdo suscrito entre el PNV y Eusko Alkartasuna (EA)– se había roto en julio de 1999 tras otras conversaciones secretas entre ETA, PNV y EA en las que no llegaron al acuerdo pretendido por los terroristas de celebrar unas elecciones que abarcaran al País Vasco español y francés y Navarra.
23 asesinatos en 2000
Como ha ocurrido en todas las treguas desde que ETA comenzó a caminar en 1960, los atentados no tardaron en llegar, con la diferencia de que, en 2000, se intensificaron. Murieron ese año 23 personas, una cifra que no se producía desde 1992 y que no se ha repetido hasta ahora. Entre ellos, siete políticos, tres de ellos del PSOE: el ex gobernador civil de Guipuzcoa, José María Jauregui, en un bar de Tolosa; Fernando Buesa y el citado Lluch. Pero, además, otros dos socialistas salvaron sus vidas ese año tras dos atentados: José Ramón Recalde y José Asenjo.
«Ernest quiso hacer algo más que denunciar la violencia terrorista y se adentró en un territorio de minas, como es la aproximación al entorno de la banda terrorista, con afán de encontrar una solución dialogada. Una de las muchas minas que alfombran ese territorio salvaje le explotó en la cara y le quitó la vida», escribía el periodista José María Calleja en su libro «¡Arriba Euskadi! La vida diaria en el País Vasco» (Espasa, 2001)
Dos días después del atentado, el 23 de noviembre, cerca de un millón de personas se manifestaban en las calles de Barcelona para protestar por su asesinato.
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