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El Gobierno parece seguir aferrado a la idea de que la recuperación exterior terminará tirando de nosotros

Día 17/11/2010
CADA vez que oigo decir que no somos Grecia, Portugal e Irlanda, me echo a temblar. Y no les digo nada si oigo que «se ve el final de la crisis», como dijo ayer José Antonio Alonso. Si mienten, malo; si se lo creen, peor, pues no ven lo que tienen ante los ojos. Vuelve a temblar el mundo financiero, volvemos a estar bajo sospecha, vuelve a encarecerse nuestra deuda y la frase más escuchada hoy es «peligro de contagio». Con buenas razones. Las reformas han sido hasta ahora sobre el papel y llevarlas a la práctica está resultando más difícil de lo que parecía, entre otras cosas porque Zapatero quiere hacerlas con la bendición de sindicatos y empresarios, pero la posibilidad de que las acepten son menores de que le toque la lotería. La consecuencia es, y voy a decírselo con una frase del editorial de El País, que «la economías española está estancada». No seguimos cayendo en picado, pero eso no basta para crear empleo, que es la gran preocupación nacional, ni para satisfacer a los mercados, que es la gran preocupación internacional.
Con un riesgo añadido: que mientras Grecia, Irlanda o Portugal son países pequeños, con economías varias veces menores que la nuestra, y por tanto «rescatables» por Bruselas o el FMI, rescatar la economía española resultaría infinitamente más complicado. «La gran preocupación es España, con un déficit del 9 por ciento y un 20 por ciento de paro», informa el New York Times. Lo que hace la situación aún más delicada que en la primavera, por no fiarse ya nadie de nadie, como se vio en la última reunión del G-20, y menos que de nadie, de los países que ofrecen menos garantías, España entre ellos. Las reformas anunciadas no han surtido efecto por la sencilla razón de no haber entrado planamente en vigor. El Gobierno Zapatero parece seguir aferrado a la idea de que la recuperación exterior terminará tirando de nosotros. Puede ser otro de sus errores garrafales. No habrá recuperación exterior. Algunos países saldrán adelante, tras haber hecho sus deberes, mientras los que no los hayan hecho se hundirán definitivamente. El momento es tan crítico que está en peligro incluso la Comunidad Europea. El secretario de su Consejo, Van Rompuy, lo advirtió ayer: «Sin arreglarse el problema de los países fuertemente endeudados, no hay futuro». Quería decir futuro de la CE actual. Los que ajusten sus cuentas seguirán en el euro. Los que no, volverán a sus monedas nacionales, que podrán devaluar, como se hacía antes en los malos momentos. Incluso puede irles mejor. O peor. Aunque ustedes pueden seguir creyendo al Gobierno decir que no somos Irlanda, Portugal, Grecia, y que se ve el final de la crisis. Soñar es gratis.
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