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Mentir con estadísticas

Rubalcaba, en adelante, tendrá que dar la cara, pues para que se la partan le ha elegido el jefe

Día 29/10/2010
SI en la barra de un bar, en una reunión de amigos o incluso en una tertulia de radio, donde se oye todo, alguien dijera que los españoles viven mejor que en 2004, le hubieran corrido a gorrazos. Pero tan peregrina teoría la expuso el presidente del Gobierno y no sólo no fue abucheado, sino aplaudido, demostrando el nivel preescolar en que ha caído nuestra Cámara de Representantes, donde todo destello de razón o equidad ha sido desterrado.
Para su proclama, Zapatero se apoyó en unas estadísticas tan trucadas como su discurso, al comparar la posición de España en la CE en 2004 y hoy, olvidando que, en el entretanto, han ingresando en la Comunidad los países del Este, lo que ha hecho descender su nivel medio sustancialmente. Antes, teníamos que medirnos con la flor y nata europea. Hoy, con países que han salido del desastre comunista. Por cierto, algunos de ellos, como Polonia o la República Checa, pronto nos superarán por el camino que vamos. De eso, ni palabra.
No contento con esa falsedad, Zapatero se atrevió a llamar al PP antisocial. Antisocial es haber llegado a los cuatro millones de parados, que si incluimos los camuflados estadísticamente se convierten en cinco. Antisocial es haber negado la crisis durante dos años, desoyendo lo que le advirtió el Finantial Times: que cuanto más tardase en reconocerla, más difícil le sería superarla. Antisocial es haber despilfarrado nuestra reservas en medidas que no servían para nada. Antisocial es haber hecho el mayor recorte de derechos sociales por imposición desde fuera. Antisocial es comprar a peso de oro la permanencia en el poder a partidos que ni siquiera creen en sus medidas. Antisocial es hacer una remodelación de Gobierno para atrincherarse en espera de lo único que ha esperado desde el comienzo de la crisis: que la recuperación exterior tire de nosotros.
Me quedan unas líneas para el nuevo patrón de la nave que se hunde. Hasta ahora, Rubalcaba se ha movido en la sombra, lo que facilitaba sus manejos, tan poco claros. En adelante, tendrá que dar la cara, pues para que se la partan le ha elegido el jefe. Ya no podrá esconderse tras la lucha contra ETA. Tendrá que explicar los tratos con ella, pasados, presentes y futuros, si algunos, y por qué José Blanco y Txiki Benegas dicen que el fin de la banda está próximo mientras Jáuregui dice que no. O por qué la vicepresidenta económica ve creación de empleo en 2011, mientras el nuevo ministro de Trabajo no lo ve. Y no estaría mal que, de paso, nos informase si en el «machismo genético» del PP incluye a Soraya Sáenz de Santamaría. Como químico, no como portavoz. Como portavoz, basta una estadística.
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