Castilla y León

Castilla y León / Aurora Martín, Coordinadora General del Museo de la Evolución Humana de Burgos

«En los yacimientos de Atapuerca me siento como en mi propia casa»

Esta vallisoletana lleva vinculada a los yacimientos de Atapuerca desde los años ochenta, cuando era la única mujer del equipo de investigaciónes. Aurora reconoce haberse sentido muy cuidada por sus compañeros

Día 29/10/2010 - 12.47h
Aurora Martín fue la primera mujer que formó parte del equipo de investigación de Atapuerca en los años ochenta. Desde entonces, esta licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid en la especialidad de Arqueología, ha estado vinculada a los yacimientos de la sierra burgalesa donde participó en el descubrimiento del primer diente del Antecessor en la Gran Dolina, en el estrato al que dieron su nombre, Aurora. Sin perder el contacto con Atapuerca, ahora es la coordinadora general del Museo de la Evolución Humana de Burgos.
—¿Qué significa para una arqueóloga esta vinculación a Atapuerca?
—Creo que soy una persona muy afortunada. Cierto que estoy en Atapuerca desde el principio cuando no se creía ni en nuestro trabajo ni en los yacimientos.
—¿Cómo fue el primer contacto con los yacimientos?
—Emiliano Aguirre puso un anuncio en el periódico local y sólo nos presentamos Carlos Diez y yo, que junto a Eudald Carbonell somos los más antiguos en los yacimientos. Y allí realmente lo que había era un cúmulo de sedimentos, no había ninguna estructura pero teníamos fe en que Atapuerca tenía grandes hallazgos que nos tocaba descubrir a nosotros.
—Fue la primera y durante un tiempo la única mujer ¿cómo era la relación con el equipo?
—En Arqueología siempre ha habido mujeres, pero en el primero equipo de Atapuerca era yo la única. La verdad es que me cuidaban mucho.
—¿Qué hay de Aurora Martín en el Estrato Aurora donde apareció el Homo Antecessor en 1994?
—La Trinchera del Ferrocarril no había dado hasta ese momento restos humanos y apareció en la Gran Dolina, un sitio difícil de excavar. Ese día y ese momento lo recordamos todos con intensidad. Estábamos en un sondeo cuando encontramos el diente, pero no dijimos nada hasta que fuimos descartando y pudimos afirmar que era un homínido y, después, de una nueva especie como el Antecessor. Esa pieza es un punto a partir del que Atapuerca comienza a ser conocida y lo de darle el nombre al estrato, hay que preguntárselo a otros, para mí es una especie de premio por ser la más antigua, estar ahí todos los veranos...
—¿Cómo ha vivido la evolución de Atapuerca?
—Desde entonces los yacimientos se han disparado de los diez investigadores iniciales a los 200 de ahora, donde se quedan muchos fuera. Se han acelerado los trabajos, la investigación, la protección como Patrimonio de la Humanidad... con un apoyo importante de las instituciones encabezadas por la Junta de Castilla y León y de la sociedad a través de la Fundación.
—¿Es la Arqueología como aparece en las películas?
—Películas como Indiana Jones han dado un carácter aventurero a esta profesión que tiene mucho trabajo y sinsabores. A Atapuerca lo llaman la despensa del pleistoceno pero para llegar a los niveles fértiles hay que hacer mucho trabajo antes y te puede tocar una cuadrícula para excavar en la que no hayas una sola pieza. Pero Atapuerca es como una universidad de verano en la que nos distribuimos todos y aunque no hayas encontrado nada al final tienes acceso a todos los materiales en el proceso de lavado, investigación... y trabajando codo con codo estudiantes y profesionales.
—De Atapuerca al Museo de la Evolución Humana, ¿hasta qué punto están interrelacionados?
—La Junta de Castilla y León ha creado una nueva figura, el Sistema Atapuerca en el que está todo relacionado. Tenemos los datos, los restos y tenemos que mostrarlos al mundo en un museo en el que los yacimientos están relacionados con toda la historia de la evolución humana. Yo en los yacimientos de Atapuerca me siento como en casa y en la planta baja del museo donde están representados me siento así.
—¿Con qué se queda, Arqueología sobre el terreno, en el laboratorio o en la gestión de una infraestructura como el Museo de la Evolución Humana?
—Yo creo que es un todo. A mí el trabajo de campo me encanta y me siento acogida en la sierra. El laboratorio es el sitio donde todos empezamos a pensar y analizar. Y el museo es el fruto de todo ello porque ves los resultados y devolver a la sociedad, con lo que se cierra el círculo. Me siento una privilegiada por estar en los tres sitios y poder comprobar como el conocimiento tiene su repercusión en la sociedad.
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