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Columnas / UNA RAYA EN EL AGUA

Cosa de hombres

Ni igualdad ni gaitas: cuando se calienta un debate, el español cabreado siempre acaba llamando maricón al adversario

Día 26/10/2010
DESPUÉS de tanto discurso feminista, de tanto énfasis en los derechos homosexuales y de tanto Ministerio de Igualdad, Zapatero ha apelado a la testosterona en cuanto las cosas se le han puesto realmente feas. El igualitarismo a la violeta y el feminismo de salón sonaban bonito cuando la prosperidad permitía políticas de diseño e imposturas posmodernas, pero a la hora de la zozobra el presidente ha decidido atarse literalmente los machos y se ha rodeado de un círculo de pretorianos varones —y barones— para que le saquen del aprieto. El bibianismo ha resultado flor fallida de un bienio escaso y la paridad ha sido sacrificada al pragmatismo. Los cinco rostros dominantes del nuevo equipo de dirección socialista, los dueños del mensaje del partido y del Gobierno, son masculinos: el propio Zapatero, Rubalcaba, Jáuregui, Blanco y Marcelino Iglesias; las señoras quedan relegadas a un papel subalterno. En el momento de la verdad, el progresismo igualitario y el glamour de la pasarela de La Moncloa han pasado a mejor vida porque sólo formaban parte del atrezzo, de la gestualidad impostada de un lenguaje político artificial. Era la última frontera que le quedaba por traspasar al zapaterismo en su brusca reconversión de supervivencia, tras envainarse el proteccionismo social y enmendar la totalidad de su programa; está en juego el poder y eso parece un asunto de hombres.
Con tanto ardor androgénico y tan repentina sobredosis de esteroides no es de extrañar que algunos se hayan pasado de frenada y convertido la consigna de hostigar al PP en barra libre para un debate de garrafa. La broma de Pepe Blanco sobre el plumero de Rajoy tiene un tufillo homófobo de política tabernaria; el ministro se echó atrás ayer ante Carlos Herrera al ver que el envenenado chistecillo trascendía en un contexto de alarmante crecida de crispación ad hominem, pero las risas cómplices del auditorio desmienten el desmentido: si no quería decir lo que dijo su tono equívoco fue interpretado de forma inequívoca, y no es hombre de muchas sutilezas ni ambigüedades. Después de la cabestrada del alcalde de Valladolid y la sobreactuada respuesta del PSOE los ánimos están inflamados en un ambiente de sobrecarga eléctrica. Podemos volver a la confrontación de insulto y garrote, al sexismo de brocha gorda, al comadreo calumnioso y a una presunta masculinidad celtibérica de boina y pana insólitamente propagada por los recientes adalides del posfeminismo.
Al final, la democracia deliberativa, los derechos civiles, el respeto, el talante y otros efectos de posmodernidad retórica no eran más que superestructuras ornamentales de una política tan bronca y tradicional como de costumbre, una testiculocracia de gónadas sobrecalentadas. Ni feminismo, ni igualitarismo ni gaitas: cuando se calienta de verdad un debate, el español cabreado siempre acaba llamando maricón al adversario.
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