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La última bala

En mayo, cambió de economía. Ahora cambia de política, demostrando que no le importa una cosa ni otra

Día 22/10/2010
ESTE no es el gobierno que gusta a Zapatero. Es el gobierno que le han impuesto el partido, el país y las circunstancias, como los presupuestos no son los que le gustan, sino los que le han impuesto Merkel, Obama y los mercados. En mayo, cambió de economía. Ahora, cambia de política, demostrando que no le importa una cosa ni otra. Él sólo cambia para poder seguir siendo él mismo.
Su gobierno era el de María Teresa y el de Bibiana, el progre, el posmoderno, el de Vogue. Mientras éste es un gobierno premoderno, de hombres muy maduros y muy barbados. Deja a Trini y a Leire como floreros y mete a Rosa Aguilar para defender el flanco más vulnerable, el izquierdo, a que se desangre por él. Como deja a Elena Salgado, encargada de los recortes, que ya ha advertido que pueden ampliarse. Por ese lado no hay alivio: nada de alegrías, de buenismos ni de concesiones, porque al menor descuido nos vuelven a meter con Grecia.
¿Qué salida le queda? Sólo una: la pacificación del País Vasco. La era Zapatero acaba así donde empezó. Empezó tratando de negociar con ETA la paz en Euskadi, y acaba intentando alcanzarla derrotando a ETA. Con el mismo hombre al frente, Rubalcaba, flanqueado por el PNV, con el que ya ha firmado acuerdos importantes, y por Ramón Jáuregui, que ya fue vice lehendakaricon ellos. Toda la atención del nuevo gabinete va a tener ese objetivo: Zapatero, el pacificador. ¿Y Patxi López? preguntará alguién. ¿Quién es Patxi López?, le responderán desde Moncloa.
Esas son las cuentas que allí se hacen. ¿Saldrán? Todo es posible en política, pero no probable. Por lo pronto, con ETA no se acaba en 18 meses. Se necesitarán, por desgracia, bastantes más. Luego, el PNV puede apoyar, contra pago, naturalmente, unos presupuestos, pero es difícil que apoye la derrota de ETA, al fin y a cabo sus hijos descarriados. Y lo más importante: ese plan no afecta para nada lo que más interesa a los españoles. El comando Rubalcaba puede detener muchos etarras, pero no crear empleos. Y aunque solucionar el conflicto vasco nos alegraría a todos, el paro no descenderá, aunque lo haya anunciado el nuevo ministro de Trabajo, por cierto, como lo anunció su antecesor. Ya empezamos.
Pero es la única salida que le queda a Zapatero, su última bala. Si por casualidad da en el blanco —nada que ver con don José—, se presentará a la reelección. Si no, dejará el marrón a Rubalcaba, y allá te las arregles. Pues pensar que este hombre se suicide es soñar despierto. Él prefiere suicidar a los demás, empezando por sus colaboradores, siguiendo por su partido y, si es preciso, por el país, como viene haciendo desde hace años, avalado por nuestros votos, todo sea dicho.
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