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Gulliver en Liliput

Hemos pagado a precio de oro los votos de los nacionalistas vascos y canarios en apoyo del presupuesto

Día 20/10/2010
DE cuantas bizarras frases se han oído últimamente, la que más me ha impresionado es la del presidente canario, Paulino Rivera, tras sellar su pacto con Zapatero: «Mi primera responsabilidad es defender los intereses de Canarias». Como si estuviera hablando de otro país. Como si los intereses de Canarias no tuvieran nada que ver con los de España. Casi, casi, como si Canarias gana lo que pierda España, por lo que el primer deber del presidente canario es sacarla lo más posible. Es la filosofía que se ha impuesto entre esa panda de reyezuelos que, aprovechando la rivalidad de los dos grandes partidos, gobiernan sus taifas con un único lema: sacar a España cuanto puedan para sus comunidades y, a veces, para sí mismos, como ha ocurrido en Baleares.
Cuando establecimos el Estado de las Autonomías se nos dijo que significaría un avance sobre el Estado centralista, al romper su rigidez, agilizar los trámites y poner más en contacto el ciudadano con la administración. Lo que hemos tenido los españoles es justo lo contrario: en vez de un Estado, diecisiete reinos de Taifas, igual de centralizados, con más burocracia y más trámites que nunca. Gulliver en el país de Liliput, bien amarrado por los enanitos. Ahí tienen a los canarios reclamando «sus aguas». Y Zapatero, dándoselas. ¿Significa que en caso de una eventual invasión marroquí —no olvidemos que figuran entre la reivindicaciones de Rabat— se encargarán de defenderlas? O sin ir tan lejos: ¿afrontarán en adelante por su cuenta la invasión pacífica de africanos? ¡Quite para allá! Significa sólo que el señor Rivero podrá ir de Tenerife a Las Palmas cantando: «Estas son nuestras aguas. Se las he quitado a España». Veremos lo que tarda el señor Revilla en hacer lo mismo con las santanderinas.
Todo esto es un chiste. Lo que ya no es un chiste es la transferencia de la gestión económica de la Seguridad Social en el País Vasco. Nos dicen que no rompe la caja única, que sólo afecta a la gestión. Pero ¿cómo podrá gestionarse una Seguridad Social sin haber transferido su caja? Nadie lo sabe, y si lo sabe, no lo dice. Para eso hemos pagado a precio de oro los votos de los nacionalistas vascos y canarios en apoyo del presupuesto. Un presupuesto que, como advirtió la vicepresidenta segunda, poniéndose la venda antes de recibir la pedrada, pueden necesitar «medidas adicionales, que no vacilaremos en tomar». Claro que el principal objetivo de ese presupuesto no es económico, sino político. De momento, han conseguido mantener a Zapatero en el poder unos cuantos meses más, y están dispuestos a seguir pagando. Mientras haya dinero en la caja, claro.
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