Cataluña

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PATRIOTAS BISIESTOS

Día 13/10/2010
LOS dirigentes del PSC tienen esa mala costumbre asimilada del pujolismo de intentar, por un lado, criminalizar a los cargos públicos que decimos sin complejos que no somos nacionalistas, y por otro lado, intentar que los votantes que tampoco son nacionalistas les voten a ellos una vez llegan las elecciones. Montilla ha puesto ya en marcha ese mecanismo habitual en los socialistas, pero se está dando cuenta de que algo falla en el sistema, quizás por antiguo, quizás por haberlo usado demasiado, quizás porque los ciudadanos no son tontos y están hartos de que les tomen el pelo, o quizás porque el doble discurso esta vez ya es demasiado grotesco.
El mismo presidente que ha prohibido por ley que el castellano sea lengua vehicular en la escuela pública —no en el colegio alemán donde educa a sus hijos, claro—, el mismo que sanciona a los comerciantes por rotular «sólo» en castellano, el mismo que acusa a los magistrados del TC que defienden el bilingüismo de retrógrados, ahora pide un debate electoral con Mas en castellano.
El primer secretario del PSC, el mismo partido que ha apoyado y permitido la celebración de referéndums independentistas en más de 30 ayuntamientos, después de dos años de ausencia, ahora en año electoral, desembarca en el desfile de la Hispanidad, como si nadie supiera que Montilla ha sido el cómplice de ERC, los que trabajan a diario para dividirnos y levantar fronteras. El mismo partido que colaboró a prohibir los toros y a la vez blindar los correbous con una doble vara de medir identitaria, el mismo PSC que encabeza el tripartito que prohibió seguir en los albergues de la Generalitat la final de «la Roja» a los chavales alojados, ahora nos hace balance de su obra de gobierno diciendo que no ha hecho política identitaria y que sólo se ha preocupado de la crisis.
Esta vez, a pesar de que tocan elecciones, cae año bisiesto para que los socialistas catalanes se transformen y se vuelvan unos patriotas españoles. Parece que es demasiado tarde y todos los sondeos auguran que los fuegos artificiales de Montilla no engañan ya a tanta gente. El electorado socialista empieza a estar harto de ser abandonado y utilizado durante tres años y diez meses para ser reconquistado sólo cuando se le pide el voto. Prueba de ello es que, según el sondeo publicado la semana pasada por El Periódico, el 94% del electorado socialista no quiere otro tripartito. Hay poco más que decir ante estos datos, especialmente si Montilla lejos de renegar del tripartito saca pecho y lo pretende reeditar si puede.
Las recientes pitadas —método que no comparto ni aplaudo pero comprendo— a representantes socialistas en L'Hospitalet o en la Monumental, o los cánticos contra Montilla durante la celebración del Mundial en Plaza España, son síntomas de un malestar generalizado, de un «hasta aquí hemos llegado». Y es que gobernar siete años de espaldas a los que te votaron y atacando su bolsillo, su lengua, sus costumbres o sus sentimientos para servir al nacionalismo más rancio tiene un precio. No se puede criminalizar a los ciudadanos que no quieren venderse al nacionalismo, a los que quieren ser y seguir siendo catalanes y españoles, y luego ir a pedirles el voto disfrazado de patriota en año «bisiesto».
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