Internacional

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Zapatero pide la liberación, tras reclamarla Obama

El Gobierno tardó en pronunciarse por temor a irritar al régimen de Pekín

Día 09/10/2010
MADRID
Mientras los dirigentes de países como Estados Unidos, Francia o Alemania exigían a China la liberación de Liu Xiaobo, galardonado con Nobel de la Paz, el Gobierno español guardaba silencio para no molestar en exceso al régimen de Pekín. Sólo a las ocho de la tarde, portavoces oficiales anunciaron la emisión de un comunicado en el que se reclamaría también la puesta en libertad del disidente chino.
Un par de horas antes, los mismos portavoces indicaban que no habría ningún pronunciamiento especial por parte de España y se limitaban a recordar que el Gobierno defiende la libertad de expresión de Liu Xiaobo y que la Unión Europea ya denunció su condena a once años de prisión.
El Gobierno sólo se decidió a actuar, tras saberse que Francia y Alemania habían pedido la liberación del disidente y, sobre todo, tras conocerse que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, también lo hizo, al tiempo que pidió reformas políticas y respeto para los derechos de las personas.
El comunicado
Finalmente, el comunicado difundido por el Ministerio de Asuntos exteriores expresa su felicitación a Liu Xiaobo por el galardón y dice que el Ejecutivo «se suma a la petición de liberación», asegurando que así «lo ha venido haciendo regularmente en el pasado ante las autoridades de Pekín». Añade que el pasado 29 de junio, la Presidencia Española de la Unión Europea solicitó específicamente la liberación de Liu Xiaobo y de otros presos políticos con ocasión de la reunión de Diálogo UE-China sobre Derechos Humanos de Madrid.
En el centro de la resistencia española a manifestarse en términos que pudieran molestar al régimen de Pekín se encuentra el temor a estropear la buena relación que se mantiene con las autoridades chinas y, especialmente, a que ello provoque consecuencias económicas negativas.
José Luis Rodríguez Zapatero viajó hace poco más de un mes a China, donde se reunió con el primer ministro, Wen Jiabao, quien reiteró que consideran a España un país amigo. En aquella ocasión, el jefe del Gobierno no sacó en la conversación la cuestión del respeto de los derechos humanos en el país asiático, argumentando que ese asunto se trata con las autoridades chinas a nivel europeo.
Lo cierto es que España, lo mismo que los de la gran mayoría de países occidentales, evita los planteamientos críticos hacia China, poniendo por delante los intereses económicos. No se quiere irritar a un país que desde hace dos años está comprando deuda pública española y en estos momentos es el segundo inversor del mundo, con casi un 20 por ciento del total. Además, Zapatero regresó de su viaje a China, convencido de que mejorarán las relaciones económicas entre los dos países, gracias a las promesas de un aumento de las inversiones en ese país y de las importaciones chinas de productos españoles.
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