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Un peligro público

A estas alturas, Zapatero no es sólo un peligro para España. Es también un peligro para su partido

Día 06/10/2010 - 05.43h
¡PERO si se lo ha dicho «El País» en primera página! «Zapatero pierde la batalla de Madrid». Y quieren hacernos creer que Zapatero no tiene nada que ver con la derrota de Trinidad Jiménez. Cuando la pobre chica, escarmentada por el revolcón sufrido en su anterior envite madrileño, no pensaba repetirlo. ¡Con lo bien que estaba ella en el Ministerio de Sanidad, donde no tenía que luchar más que con la gripe, que incluso a veces ni se presentaba! Otro tanto ocurre con lo de Tomás Gómez «candidato del partido». ¿Pero no había dicho Rubalcaba que era «el candidato de la derecha», cuyo «triunfo dañaría al partido»? Y por si ello fuera poco, el intento de hacernos creer que las primarias fueron una idea del presidente, cuando todos sabemos que Zapatero quería que Tomás Gómez se retirase, para dejar paso a su candidata. Ahora, sólo falta que nos digan que fue una jugada estratégica para hacer famoso al desconocido Gómez. Aunque tan inteligentes no son. Sus mentiras son más burdas.
Pocas veces habrá quedado más en evidencia en qué consiste el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero: en crear problemas para intentar luego resolverlos. Problemas, además, ociosos o, por lo menos, no prioritarios. Mientras los prioritarios se dejan al lado, hasta que por su propio peso, estallan. Le ocurrió con la negociación con ETA, que nos costó unos cuantos muertos, bastantes concejales próximos a la banda en los ayuntamientos vascos y varios años perdidos en la lucha contra ella. Le ocurrió con el Estatuto catalán, prometiendo lo que no debía ni podía prometer, lo que nos costó cuatro años de forcejeos en el Tribunal Constitucional, distanciamiento entre Cataluña y España y dejar descontentos a todos. Le ocurrió con la crisis, que empezó negando, pasó luego a tomar falsas medidas contra ella y nos condujo a una de las peores posiciones europeas para afrontarla. Y ahora, el sainete de las autonómicas madrileñas, que tratan de vendernos como una muestra de democracia y unidad del partido, cuando es público que, de haberse dejado al líder máximo, hubiese sido una muestra del designio a dedo y de ignorar las bases.
A estas alturas, Zapatero no es sólo un peligro para España. Es también un peligro para su partido, una carga, un lastre cada vez más pesado. Tiene a su lado aquellos y aquellas que le deben el cargo, que saben que, desaparecido él, volverán a la nada de donde salieron. Y tiene a los nacionalistas, que esperan sacarle todavía mucho provecho. Rodeado de ellos, como el Miramamolín en las Navas de Tolosa, espera poder resistir hasta 2012. Puede que aguante. Lo que no sabemos es si aguantará España y, por lo que empieza a verse, el PSOE.
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