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Columnas / CAMBIO DE GUARDIA

Voto o foto

Nada más ofensivo que ese uso salvaje de la imagen-mujer en la publicidad política

Día 22/09/2010
«LO importante es la foto». No es una anécdota más —ante el Sultán marroquí— de esa caricatura andante que preside España. «Lo importante es la foto» tiene valor de manifiesto. O mejor, de santo y seña que franquea el paso a los arcanos del Estado. Y que, por ello mismo, no debe jamás ser dicho en voz audible. Que nadie sepa el conjuro del Mysterium Magnumque trueca calabazas en ministros. Que nadie pueda nunca estar al tanto de qué miserias cubren los ropajes de princesa… A veces —no es la primera—, un micrófono direccional rompe el susurro del sacramento. Un flash: nada más que la foto es importante. En política, hoy, todo es foto.
Y foto fue la declaración de principios para borrar la sangre del 11-M, tras la asunción del gobierno socialista a la Moncloa. Dicharachera. En la foto hay un puñado de señoras a la puerta del palacio de gobierno. Sabiamente agrupadas en torno a dos divanes, que el fotógrafo de una revista de moda ha dispuesto impecablemente. Todas las convenciones del género, en el cual la revista sienta autoridad, son desplegadas con primor. Ni siquiera falta el suntuoso toque nonchalantde las pieles sobre el sofá de la derecha. Las modelos no importan demasiado. Sí, las prendas que exhiben. Lo mejor de lo mejor en discreta elegancia. No hace falta siquiera que se especifique el precio. El precio de lo exquisito no importa para los de verdad importantes. Las modelos del pase, cuyo gesto han medido al milímetro fotógrafo y estilista, son ministras. Pero eso da lo mismo. Lo que importa es la ropa. Lo que importa es la foto.
Así seguirá siendo. Durante ya más de seis años. Así tiene que ser. La maestría del marketing político en el Partido Socialista —sin duda, la mejor empresa publicitaria de la España actual— consiste en haber entendido eso: no hay ya política; la política era discurso, y hoy nadie vota por convicciones ni palabras; se vota sólo por fotos; adecuadas; o se pierden votos. «Ideología significa idea lógica, y en política no hay ideas lógicas», dictaminaba un ignoto Zapatero en su indispensable prólogo de 2003 a un libro de Jordi Sevilla. Y a la «foto de las Azores» contrapone la foto de las fashionistas.
No conozco nada más ofensivo para la condición femenina que ese uso salvaje de la imagen-mujer en la publicidad política. Que lleva a la caricatura de hacer a alguien ministra, sin más, para batir el récord de juventud femenina en un gobierno. Sin que importen ni cualificación ni competencia. En una democracia, hombres y mujeres los hay en el especio privado. En el público, no. En el público sólo existen ciudadanos. Iguales ante la ley. Por ley, indistinguibles. Amalgamar lo privado y lo público es la primera de las tentaciones totalitarias. Funciona. Como todo cuanto explota lo sórdido del inconsciente colectivo.
No existe más partido hoy eficaz que el fashionista. Hipermodernidad de Zapatero. «Abro una revista de moda: veo que se trata allí de dos vestidos diferentes. El primero es el que se me presenta fotografiado o dibujado, es un vestido-imagen. El segundo, es ese mismo vestido, pero descrito, trocado en lenguaje». Y ese lenguaje habla siempre de otra cosa. También ante el Sultán. 1967: Roland Barthes. Sistema de la moda.
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