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El gran secreto de la cultura

La cocaína ha dañado a la música porque te convence de que lo trivial es genial

Día 11/09/2010
EL gran Kiko Veneno (ir tomando veneno, hasta que te sepa bien) le ha revelado a mi paisano Diego A. Manrique el gran secreto de la cultura contemporánea:
—Detesto la cocaína, que tanto ha dañado a la música. No sólo te fastidia las cuerdas vocales; te convence de que lo trivial es genial.
A la música... y al periodismo, hijo. Al periodismo extranjero, naturalmente, que en el nacional uno nunca ha visto eso. Me refiero al periodismo en que el articulista se pone a la mesa dispuesto a tumbar a un presidente en un folio. ¿Cuántos artículos tumba-presidentes pudieron escribirle a Bush en ocho años?
En el periodismo español, cuando uno se propone tumbar a un presidente, en vez de un artículo escribe un libro, porque los presidentes no leen artículos. Libros, tampoco, pero si el libro es lo bastante gordo siempre estará ahí para ser arrojado contra la figura (ya se supone que en efigie) del presidente, como aquel zapato volador de Bush.
Yo no creo en el poder del periodismo para transformar las ideas políticas, y menos en España, donde ahora mismo la opinión de las derechas la ejercitan los rebotados del comunismo de salón, y la de las izquierdas, los rebotados del falangismo de oficina. Y es que en política, como sabía el doctor Marañón, el único mecanismo psicológico del cambio es la conversión, nunca el convencimiento. En una palabra, caerse del caballo. Pero ¿quién gana en la prensa para un caballo?
España es un país de progres que no sabe a dónde va, pero que camina a la vanguardia. «Progre» es lo que Marañón llamó «falso liberal», que es el liberal que no puede sufrir sin congoja el que se dude de su liberalismo.
—No ser liberal (hoy, no ser progre) supone, en el ideario corriente, estas tres cosas importantes: ser sospechoso de poco inteligente, porque, en efecto, un gran número de los hombres famosos por su labor creadora han sido liberales o por lo menos han tenido un espíritu teñido de tolerancia liberal. Significa, además, ser «enemigo del pueblo», frase creada por la Revolución francesa y que conserva intacto el fetichismo de su prestigio en muchas mentes. Y, finalmente, significa no ser hombre moderno, porque buen número de las conquistas de la civilización se han hecho bajo el signo de la libertad.
Estas cosas verdaderamente interesantes («Liberalismo y comunismo») las publicó Marañón en diciembre del 37 y en París, fugado del Madrid de «los liberales». Todavía no se ha escrito sobre el asunto nada mejor que eso. Quizás por eso en España los analistas políticos parezcan músicos a muchos, y los músicos, analistas políticos.
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