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Doce muertos, el sangriento balance entre las dos treguas trampa de ETA

Entre el «alto el fuego permanente» de 2006 y el anuncio de no llevar a cabo «acciones armadas ofensivas» del domingo, ETA solo acumula cadáveres y tiempo para rearmarse

Día 21/11/2010 - 17.16h
El anuncio de «no llevar a cabo acciones armadas ofensivas» hecho el domingo por ETA, en una situación ahora mucho más débil que cuando comunicó el «alto el fuego permanente» en 2006, no aclara si es una decisión permanente o temporal. Sin embargo, poco importa si tenemos en cuenta que aquella tregua «permanente» de hace cuatro años duró apenas ocho meses y se cobró dos vidas… las dos primeras de 12 que la banda ha sesgado hasta el comunicado hecho público por la BBC.
ABC
Retratos de las víctimas de ETA entre 2006 y 2010
En 2006, la gigantesca deflagración provocada por ETA en la T-4 de Barajas con una furgoneta-bomba cargada con 200 kilos de explosivos, la mayor carga empleada por la banda en los últimos 19 años, ponía punto y fin a la tregua y a un amplio periodo de tres años consecutivos sin víctimas mortales. Algo que no había ocurrido desde que los etarras comenzaran a matar en 1968 y que dejó en evidencia el optimismo del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sobre la marcha del llamado proceso de paz.
Era la primera vez en la historia que los etarras rompían una tregua sin una declaración previa. Y esta ocasión, pagaron el salvajismo dos ecuatorianos procedentes de familias de extracción social baja que poco sabían del conflicto vasco. Carlos Alonso Palate, de 35 años, que, hasta el día de su muerte, había conseguido mantener económicamente a sus cuatro hermanos en paro y una madre ciega, con un empleo en una fábrica de plásticos de Valencia. Y Diego Armando Estacio, de 19 años, que vivía desde hacía pocos meses con sus padres en Alcorcón (Madrid), pero que pocos días antes del atentado había podido independizarse con su novia gracias a su trabajo en la construcción.
A pesar de los dos muertos, ETA pretendió alegar que seguía en la tregua. «El proceso de paz no está roto», aseguraba el dirigente de Batasuna, Arnaldo Otegui, quien, además, trasladaba toda la responsabilidad del atentado al Gobierno: «Nueve meses después (del anuncio del alto el fuego) no hay mesa para el diálogo político, no hay acuerdo político, no hay un solo gesto en política penitenciaria».
Aquel empeño de no dar por finalizada la tregua continuó hasta junio de 2007, fecha en que la banda anunció oficialmente su vuelta a la lucha armada. Sin embargo, el elevado número de operaciones policiales, con la detención de varias células terroristas, provocaron el fracaso de muchos de los atentados que tenía planeados.
Capbreton, los asesinatos improvisados
Las únicas víctimas de ETA en 2007 fueron los dos guardias civiles asesinados en la localidad francesa de Capbretón, en un atentado improvisado por los etarras al identificar a los dos agentes, Raúl Centeno Bayón (24 años) y Fernando Trapero Blázquez (23 años), en un bar en el que se encontraban desayunando. Ambos participaban en un dispositivo de vigilancia en el suroeste francés para intentar obtener información de las actividades de los miembros de ETA que actuaban en esta región.
Por primera vez en mucho tiempo, el Gobierno y la oposición recuperaban el consenso perdido y se ponían de acuerdo en la política de persecución implacable que se ha desarrollado hasta el actual cese de las «acciones armadas ofensivas». «ETA para porque no puede más», aseguró ayer el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.
El atentado de Barajas y sus acciones posteriores provocaron en el seno de la banda una serie de divisiones internas, aunque los diferentes sectores enfrentados coincidían en su deseo de mantener la «política» de atentados. No cabían en la dividida banda los «altos el fuego permanentes», ni las «treguas temporales», ni los «ceses de violencia» de ningún tipo.
Así, 2008 se convertía en el año más sangriento desde la tregua de 2006, con cuatro cadáveres. El primero, dos días antes de las elecciones generales, el 7 de marzo. Un terrorista disparó cinco tiros al ex edil socialista Isaías Carrascoen el portal de su casa de Mondragón, a pesar de que haber dejado la política hace meses. Tenía tres hijos.
Los otros tres muertos fueron: en mayo, Juan Manuel Piñuel Villalón (guardia civil de 41 años y padre de un niño de 6) en la explosión de un coche bomba contra el cuartel al que había pedido el traslado hacía dos meses, para poder regresar con su familia a Andalucía; en septiembre, el Brigada del Ejército Luis Conde de la Cruz (46 años), casado y padre de un hijo, con otro coche-bomba durante sus vacaciones en Cantabria, y en diciembre, el empresario Ignacio Uría Mendizabal, de 60 años y padre de cinco hijos, acribillado en Azpetia cuando se dirigía al establecimiento en el que a diario echaba la partida de tute con sus amigos.
En 2009: seguir matando
A pesar de los asesinatos, la banda terrorista se encontraba muy mermada por la presión policial y las continuas detenciones de sus principales cabecillas. ETA reconocía en un documento interno intervenido por la Policía francesa su mal momento: «La izquierda abertzale está en crisis» y «la estrategia político militar está colapsada», decía. Pero la decisión de la banda era continuar con su lucha, llegando incluso a plantearse atentar contra los dirigentes del PNV. No les había gustado precisamente el comportamiento del partido nacionalista durante la tregua del 2006.
El año pasado, dos bombas adosadas a los coches de Eduardo Antonio Puelles (en junio) y Enrique Sáenz de Tejada García y Diego Salvà Lezáun (en julio), policía nacional y guardias civiles respectivamente, causaba las tres muertes pertrechadas por ETA ese año. La de Lezáun, de 21 años, es una historia trágica, pues tan sólo unos meses antes había salido de un coma por un accidente de motocicleta y, tras despertar y realizar un dura recuperación, el día que los etarras hacían saltar su coche por los aires era el día de su vuelta al trabajo.
La última víctima desde la tregua farsa de 2006, en la que ETA aprovechó para rearmarse, mediante el robo de varias toneladas de material explosivo y más de 350 pistolas, se produjo en marzo: Jean Serge Nerin (53 años y cuatro hijos), el primer policía francés asesinado en la historia de ETA, recibía un balazo en el tórax cuando se disponía a identificar a varios etarras que iban a robar un coche.
Doce muertos entre dos treguas trampa en las que ETA nunca abandonó la violencia callejera, ni la extorsión, ni las amenazas. Poco duró el «alto el fuego permanente» de 2006, y nadie se fía ya de las «buenas» intenciones de la banda terrorista. En esta ocasión, quizás el peor momento de la historia de ETA, no solo no aclara si el alto el fuego es permanente o temporal, si no que ni siquiera habla de «tregua» o «alto el fuego». ¿Qué se puede esperar? Poco… coincide todo el mundo.
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