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Columnas / AD LIBITUM

Pasteleros gubernamentales

Nuestro CNI pone las guindas donde los franceses instalan la autoridad y la dignidad. Empalaga

Día 25/08/2010
SON tantos los pasteleros que trabajan en el obrador de José Luis Rodríguez Zapatero que, más que un Gobierno, eso parece una repostería. Pastelear —contemporizar con miras interesadas— es la actividad principal de un equipo que, en función de su actividad edulcorante y falsaria, consigue aliviar el deterioro que ya se hubiera llevado por delante a cualquier otro Gabinete capaz de instalarse en el paro millonario, la deuda creciente y el déficit suicida. Pero donde más luce la capacidad pastelera del zapaterismo es en cuanto se relaciona con la política exterior. Ignoro si las recetas son del propio presidente, las perpetra Miguel Ángel Moratinos, colaboran en su factura Alfredo Pérez Rubalcaba y Elena Salgado o si son más, y menos conocidas, las manos del poder que hacen la masa y dosifican la miel y el azúcar que, en demasía, nos diferencian del proceder de otros países, como Francia y el Reino Unido, con más larga experiencia en la especialidad y mayor rigor en sus actuaciones.
En las últimas horas, el viaje del titular de Interior a Marruecos y la liberación de Albert Vilalta y Roque Pascual constituyen un alarde pastelero sin parangón entre las cancillerías occidentales. El ministro ha resuelto un conflicto que, según el Gobierno en el que se integra, nunca existió y los rehenes de Al Qaeda del Magreb se les aparecieron, de repente, a los periodistas como si se tratara de un espectáculo de David Copperfield.
El ministro que no quiso ir a Melilla para respaldar moralmente a la Policía que de él depende, viajó a Casablanca para cumplimentar a Mohamed VI y, con gran destreza en las mañas pasteleras, convirtió en «cosa del pasado» unos sucesos que todavía no han concluido. Si no le ponemos condiciones a la eficacia, que le caben las éticas y las estéticas, lo de Rubalcaba sería de nota; pero la realidad es panorámica, no se concreta en un único punto y el pastel resultante, sin negar su dulzura, no favorece el aspecto del escaparate exterior de España.
Lo de los cooperantes de la ONG secuestrados el pasado noviembre en una caravana en la que no lucía ninguna bandera española y sí varias cuatribarradas, es otra tartita de la pastelería monclovita. La vergüenza es algo que, parece, ya no se lleva en la vida política; pero resultaría exigible el sonrojo gubernamental después de conocer el mensaje emitido por los secuestradores-libertadores de Vilalta y Pascual. Es, dijeron, «una lección a los servicios secretos franceses para que lo tengan presente en el futuro». Nuestro CNI pone las guindas donde los franceses instalan la autoridad y la dignidad. Empalaga.
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