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Columnas / AD LIBITUM

Blanco y el pulpo «á feira»

Anunciada la participación de la todavía ministra de Sanidad en las primarias, se abre el melón de la crisis

Día 10/08/2010
BUENA parte del pulpo que comemos en España, incluso el que los gallegos consumen en sus fiestas, procede de las costas de Mauritania. El pulpo local, como tantas otras buenas cosas, se extingue. Entre que se reproduce poco, como ajustándose a las costumbres de quienes han de comérselo, y se pesca en demasía no faltará ya mucho para que desaparezca de las barras de los bares buenos y de las pescaderías solventes. En Carballino, Orense, para demostrar que el pulpo, más que marinero, es un producto de interior y de feria, el segundo domingo de agosto se celebra, desde siempre, una fiesta consagrada a tan sabroso octópodo. Ya no es necesario apalearle, y con saña, antes de su cocción porque los congeladores rompen su fibra y le dan ternura con menos esfuerzo del que antes aportaban las paisanas. Lo que se conserva es la costumbre de hervirlos en ollas de cobre y tras una de ellas se fotografió el domingo José Blanco y pudimos verle ayer los lectores de todos los periódicos de España.
Blanco es, entre los de su partido, quien mejor utiliza los argumentos y gestos de naturaleza antropológica para la acción propagandística y, llegado el caso, para el disimulo y el escondite. Aun siendo el número dos del PSOE ha sabido zafarse del desgaste que afecta a Tomás Gómez, alcanza a su jefe y compromete a su compañera de Gobierno, Trinidad Jiménez, con el gesto nimio, pero oportuno, de enseñar un pulpo ya cocido en el momento de salir del fuego y trasladarse a los platos de madera en los que, cortado en rodajas de un centímetro y cubierto de aceite, sal y pimentón consumirán á feira quienes, sabios ellos, llevan la cuenta de los pulpos dominicales que marcan las fiestas del verano en toda Galicia. Lo folclórico no fracasa entre nosotros y Leire Pajín, pardilla con pretensiones cosmopolitas, pagará la cuenta del desafecto de la vieja federación de Madrid.
Póngansele o no cachelos al pulpo que luce Blanco, la suerte está echada. Quiero decir que, anunciada la participación de la todavía ministra de Sanidad en las primarias socialistas para las autonómicas de Madrid, se abre el melón de la crisis. En ello debe estar ya el presidente del Gobierno, que, antes mártir que confesor, no debe ignorar la liviandad dolosa de muchos de los miembros y miembras que le acompañan. El relevo de Jiménez es un buen pretexto para recolocar las piezas en el tablero monclovita y, si encuentra voluntarios para ello cuando queda poco más de año y medio para cumplir la legislatura, incorporar al Gabinete personalidades de mayor talla y enjundia que la de muchos de los enanitos que hoy se integran en él.
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