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Quedarse en blanco y las pulseras de Carbonero

Es tiempo de tirar del rollo seudo ibicenco, requerido o no: de Michelle «Mojama» a Laura Ponte pasando por Carmen March, que se quiere ir a Bali a vivir. El arte también blanquea

Día 07/08/2010
Hay una conspiración para que el blanco ibicenco domine el mundo. O para que a cualquier cosa blanca se la apellide ibicenca. Michelle «Mojama», que dice la Porrona, gitana del Sacromonte (o «Micralax» Obama, que digo yo con menos gracia, dado el sinvivir de sus visitas turísticas), se compró en Marbella dos vestiditos ibicencos. Bueno, vestidito el de su hija, que el de ella es «tiranosaurus size». En Palma, el jueves por la noche tuvo lugar la tradicional fiesta blanca de Anna de Codorniú. Al rollo ibicenco (estés donde estés) hay que asociarle la música chill-out, que es una de esas palabras que casi nadie sabe lo que significa pero se dice mucho. Una de esas expresiones que debería estar prohibida, como ensalada templada. Aunque lo cierto es que en las terrazas del Real Club Náutico la música la ponía Biel Duráncon su piano.
Como la consigna era el blanco, todo el mundo iba de ídem. Con variaciones. La diseñadora Carmen March, que cerró el negocio hace unos meses y que quiere irse a vivir a Bali (yo también), llevaba un delicado minivestido en «broderie anglaise» (yo no). El color lo ponía con sus taconazos dorados de Carmen Miranda que me suenan de alguna de sus colecciones. Laura Pontetambién adornaba con dorados su caftán.
Pero lo dorado de la ex mujer de Beltrán Gómez-Acebo (y amiga de Mario Conde Jr., que no estaba) eran no solo los zapatos sino más pulseras que collares lleva una mujer-jirafa. Eso sí, cuando el dorado se mezcla tan bien con lo ibicenco, sea lo que sea, no hay rastro de «bling bling», sólo de buen gusto. Otras pasaban del dorado y rompían el blanco con una cascada de colores en las muñecas. Exactamente, con las pulseras colombianas que ha puesto de moda Sara Carbonero(lo que son las cosas, en Fun & Basics, donde las venden, hay colas y en El Corte Inglés se han llegado a agotar).
A la fiesta patrocinada por Mar Raventós en la Copa del Rey Audi Mapfre, acudieron más de 500 personas. Entre ellas, Carlos Moyá y Carolina Cerezuela, a quien le queda un mes de un embarazo que está llevando estupendamente de boda en barco y de barco en fiesta. También fue la alcaldesa, Aína Calvo. El presidente Antich estaba en otro sarao, como Cristina Macaya, que la tarde noche palmesana ardía. El presidente acudió a la inauguración de «Spielraum», la esperada exposición de Bernardí Roig en el Centro Cultural Contemporáneo Pelaires. Es todo blanco e impresionante. Esculturas realistas de unos señores gordos, calvos y sólo vestidos con pantalones que lo mismo cargan tubos fluorescentes que están colgados o desprenden humo. Según Roig, con ello pretende crear una atmósfera tipo «el tiempo no pasa, es un instante que se queda en blanco». Me quedo mirando fijamente a uno de esos señores y estoy temiendo que me digan algo. ¿Qué miras? Para mí que son tíos encalados (una es que ha visto muchas veces «Los crímenes del museo de cera»). Esto no es una crítica de arte. La crítica que la haga el maestro Fernando Castro Flórez, que sale en el vídeo de la exposición. Yo estoy en blanco. Creo que una de esas esculturas se pasó por la otra fiesta y bebió cava.
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